Paiyac se olvida de las mujeres. Mito Toba, Qom’lek

Con el nombre de toba, “frente, rostro, cara”, se conoce en guaraní a un grupo indígena que pertenece a la etnia pámpido; el nombre que se dan a sí mismos es qom’lek o qom’lik, que significa “el hombre”. Actualmente, existen alrededor de 60,000 tobas que en su mayoría habita la provincia del Chaco en Argentina. Su idioma pertenece a la Familia Guaycurú que se encuentra en un fuerte peligro de extinción.

En el inicio de los tiempos, la Tierra tenía muy pocos habitantes, todos creados por un ser supremo, especie de espíritu, llamado Paiyac o Ña-catachá (También Ayaic y Payack). Eran solamente hombres, no había mujeres, razón por la cual eran diferentes, ya que no habían nacido de mujeres: tenían alas y plumas, o pelo de animal. A fin de reproducirse, tomaban unas calabazas secas en donde depositaban su esperma; luego las tapaban con cera de abejas. Cuando los niños nacían se alimentaban chupando la tierra, porque no tenían quien los amamantaran. Pero se morían pronto, porque la tierra no era suficiente alimento. Los hombres iban al río a pescar todos los días. Se llevaban lo pescado a las casas para medio preparar los alimentos que no podían cocer, ya que no existía el fuego. Un día que salieron a pescar, dejaron a un hombre al cuidado de la comida que había en las casas. Cuando estuvo solo, el encargado escuchó unas risas que provenían de lo alto, eran risas femeninas. Quiso acercarse a ellas y enfrentarlas, pero las mujeres le pegaron en la boca con un palo y lo dejaron sin habla. Las mujeres robaron la comida y dejaron al hombre convertido en Loro. Mucho tiempo después, regresaron sus compañeros con los muchos peces que habían obtenido. Al frente venía Zorro Sagaz cubierto con la sangre de una presa. Cuando llegaron a sus casas para prepararse la comida, se dieron cuenta de que no había nada y le preguntaron a Loro  qué había pasado. Loro señaló con una mano hacia el cielo. Al día siguiente los hombres volvieron a ir a pescar, y dejaron cuidando la casa a un hombre llamado Águila, que sabía chiflar muy bien. Cuando todos se fueron, Águila se escondió. Al rato, escuchó a las mujeres que bajaban del Cielo riéndose; utilizaban una soga para bajar. Cada vez que bajaban un poco más, un resplandor iluminaba el lugar. Cuando la soga cayó al suelo el Hombre-Águila quedó ciego, y las mujeres le arrojaron brasas que lo quemaron. Las mujeres volvieron a robarse la comida.

Cuando regresaron los hombres, Águila les dijo lo que había pasado, y propuso que Chiiquí, el Carancho (ave rapaz de la familia de los falcónidos) las atrapara. Carancho aceptó. Convinieron que si él lograba atraparlas chiflara, y en caso de que no pudiera con ellas se escapara. Al día siguiente, Chiiqui oyó venir a las mujeres riéndose, miró hacia el Cielo y presto voló y rompió la soga. Todas las mujeres se cayeron: unas quedaron en la superficie y otras se enterraron en el suelo. Entonces Chiiquí chifló, los hombres lo oyeron y pensaron que ya las había capturado. Tuyago que era el jefe, el más alto de todos y que vestía de rojo, se adelantó; pero Zorro Sagaz corrió más rápido. Cuando llegó al poblado vio a la mujer más bonita, se la llevó a su casa y copuló con ella. Pero la mujer le cortó el pene y se lo comió con la vulva. Adolorido, Zorro Sagaz salió corriendo de su casa y les contó a los hombres lo que le había pasado; ellos lo instaron a que solucionara su problema, ya que era considerado como muy inteligente. Entonces, Zorro se fue por el bosque hasta que encontró un Árbol Garabato, le quitó una ramita que se injertó en el lugar del pene. Por eso los zorros tienen una cicatriz ahí, en el lugar donde va el pene.

Todos los hombres se asignaron una mujer para que fuera su esposa, todos menos el Quirquincho (armadillo), porque ya no alcanzaron las féminas. Pero no se desanimó y escarbó en la tierra a ver si encontraba una. En su búsqueda le picó un ojo a una, y la dejó tuerta; pero eso no le importó y la tomó como esposa. Chiiqui les dijo a los hombres que no durmieran con sus mujeres hasta que encontrara la forma de solucionar tal problema, no fuera a ser que les pasara lo que a Zorro Sagaz. Entonces, se fue al Cielo, chifló tres veces y acudió una mosca muy grande que le preguntó qué quería. Don Chiiqui le dijo que deseaba que viniera un viento fuerte y frío con mucha lluvia, porque tenía un asunto que resolver. La mosca le concedió lo pedido, y las mujeres se pusieron a temblar de frío, a pesar de ser muy robustas. Entonces, antes de que ellas se dieran cuenta, Chiiqui les quitó el fuego que llevaban y así las dominó por completo. Chiiqui hizo una fogata, las mujeres la rodearon para calentarse, asaron pescados y se los comieron por la boca y por la vagina. Pero apenas comenzaron a comer, Chiiqui les aventó una piedra a la vagina para romperles los dientes que en ella tenían. Desde entonces, los hombres pudieron reproducirse normalmente.

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