Nahui Ollin, la de los ojos verdes

El 8 de julio de 1893 nació en la Ciudad de México una bella mujer a la que sus padres llamaron María del Carmen Mondragón Valseca. Su padre, Manuel, un general que pertenecía a una familia adinerada del porfiriato, la envió a estudiar a París como era la costumbre en esa época afrancesada entre la gente de posibilidades económicas. Carmen aprovechó su estancia y estudio teatro, literatura, ballet y pintura. Su libertad y sus estudios le formaron un carácter fuerte e independiente que le duraría toda la vida.

Cuando terminó sus estudios regresó a México para caer enamorada de un cadete de nombre Manuel Rodríguez Lozano, joven pintor que con el tiempo pertenecería al grupo de los Contemporáneos, con quien casó a la temprana edad de veinte años. Juntos, regresaron a París, donde entablaron relaciones con personas destacadas del medio artístico. Ocho años después, a causa de la infidelidad de su marido con la no menos famosa Antonieta Rivas Mercado, Carmen regresó a México, donde siguió su carrera de escritora, impuso modas atrevidas, se involucró en muchos escándalos, y se codeó con la flor y nata de la intelectualidad mexicana.

Poco tiempo después, tuvo una apasionada y tormentosa relación con Gerardo Murillo, más conocido por su apodo: el Doctor Atl. Ella le escribía maravillosas cartas de amor, y él la pintaba a más y mejor. Estando con el Doctor Atl, Carmen cambió su nombre y devino Nahui Ollin, Cuatro Movimiento en lengua náhuatl, y empezó a pintar.

Entre los amigos de Nahui Ollin se encontraban David Alfaro Siqueiros, Lupe Vélez, María izquierdo, Tina Modotti, Frida Kahlo, Dolores del Río y Diego Rivera. Mujer independiente y de ideas feministas y de izquierda, llegó a Hollywood y fue retratada por el famoso fotógrafo Edward Weston, fotografías que posiblemente son las mejores obras de él.

Poco después, después de haber tenido muchos amantes y amores más o menos importantes, cuando cumplió cuarenta años, se relacionó con Eugenio Agacino, un capitán de barco, con el que vivió un amor de locura, y a quien consideró el amor de su vida. Decidió retirarse de la vida pública a causa de la trágica muerte de Eugenio que murió ahogado en la mar.

En 1934, sola, triste, y rodeada de sus múltiples gatos, Nahui Ollin decidió dedicarse de lleno a la literatura y a la pintura, y se enclaustró en la casa de sus padres en Tacubaya. Se mantenía dando clases de pintura en una escuela primaria y de una exigua cantidad de dinero que le daba Bellas Artes.

Cada día estaba más pobre. Se la veía por la calle mal vestida y medio trastornada: se pensaba la dueña del Sol a quien conducía desde su nacimiento hasta su desaparición crepuscular con su mirada. Nunca pudo sobreponerse a la pérdida de su capitán: en una sábana pintó su retrato y dormía abrazándola. En medio de esas adversas condiciones, la escritora-pintora murió un 23 de enero de 1978, sola, en la recámara en que naciera, y rodeada por sus queridos gatos.

Escritora también de prosa, a los diez años, escribió el siguiente texto que forma parte de su libro A los diez años en mi pupitre:

INCOMPRENDIDA
—Soy un ser incomprendido que se ahoga en el volcán de pasiones, ideas, sensaciones, pensamientos y creaciones que ya no pueden contenerse en mi seno; estoy, pues, destinada a morir de amor, del único amor para el que mi alma fue creada, para alimentarlo, y del cual debo ser la más fiel vestal de mi templo sagrado de amor. — ¿Pero qué digo?, soy feliz y no lo soy. ¿Por qué no lo soy?, no soy feliz porque la vida no ha sido hecha para mí,
porque soy una llama devorada por sí misma y que nada puede apagarla, porque no he vivido con libertad la vida privándome de los derechos a saborear los placeres, siendo destinada a ser vendida, como las esclavas en otros tiempos, a un marido. Protesto, a pesar de mi edad, por quien está bajo la tutela de los padres.
—Pero ¿para qué ser tan comprensiva, tanto, si se me obliga a vivir primero bajo la tutela rigurosa de mis padres y luego bajo la de un marido? Así, la mujer se convierte en un problema social bien resuelto para la conveniencia de los gobiernos y de las costumbres.
— ¿Por qué la libertad o la ilusión fueron creadas para cualquier hombre o ser viviente y pensante? Si yo no tengo derecho a ellas, ¿por qué he sido creada consciente de lo que me pertenece?

Oigámosla en una de sus poesías ya adulta:

Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme;
hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.
Los gusanos no me darán fin -son los grotescos destructivos
de materias sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido
del último despojo de mi renovación-
Y la madre tierra me parirá y naceré de nuevo,
de nuevo ya para no morir…

1 comentario en “Nahui Ollin, la de los ojos verdes”

  1. En honor a un Sol que escondía la luna; un atardecer cualquiera de esta vida terrenal. Ese honor reconoce el renacimiento de Nahui como una estrella que solo la mirada divina la interpreta. Una vida más marca la osadía de las más cara aventura; vivir en arte; hasta ser arte. Rubén Eulopa

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