Los cuellos alargados de la Mujeres Jirafas

C’est la tradition, Ma-Da, joven karen de 20 años con el cuello alargado.

 Los karen. Birmania, Unión de Myanmar desde 1989 se localiza en el Sureste Asiático. Hacia el norte limita con China, al sur con el Mar de Andamán, al este con Laos y Tailandia, y al oeste con el Golfo de Bengala, Bangladesh y la India. Actualmente, se encuentra regido por un tiránico gobierno militar. Kayin es uno de los siete estados que comprende Birmania, también conocido por el nombre de Kare cuya capital es Hpa-an. Cuenta con 1.413,77 habitantes. En Kayin, formada por una ciudad y nueve pueblos,  habita la etnia karen, integrada, mayormente, por budistas y animistas.

Los karen habitan la franja montañosa que separa Birmania de Tailandia. La etnia comprende varios grupos que hablan la misma lengua perteneciente al grupo tibetano-birmano, tales como los kayah, los karen negros (geba y pa’o), los padaung, los latha, los pwo, los zayein y los karen blancos. Todos ellos conforman sociedades agrícolas que viven, sobre todo, del cultivo de arroz.

Los padaung habitan en el estado de Kayah, y se distinguen de los demás grupos porque sus mujeres se alargan el cuello de una manera excepcional. El vocablo padaung significa en lengua birmana “cuello largo”; al grupo no les gusta que se les llame de esa forma y prefieren el término karen. Existen, aproximadamente 7,000 miembros de esta tribu.

En tiempos remotos, los karen formaban una sociedad matrilineal y monógama, y se piensa que el origen de la práctica de alargar los cuellos se debió a la necesidad de protegerse de los ataques de los animales  carnívoros, que agredían a sus presas humanas en el cuello;  algunos antropólogos afirman que la razón de esta costumbre se debe al deseo de protegerse específicamente contra las mordeduras del tigre; sin embargo, los hombres nunca se alargaron el cuello, hecho que pone en duda dicha afirmación. Al paso del tiempo, debido a la escasez de hombres debido a las guerras con otros grupos y a otras causas de mortalidad, la sociedad devino patrilineal; los varones alcanzaron el poder e impusieron a las mujeres una rigurosa fidelidad. Cuando ésta no era respetada, a la mujer se le retiraban los anillos que les servían para lograr un cuello alargado y mantenerlo firme. Al quitarles los anillos, las mujeres estaban obligadas a vivir recostadas y a sujetarse la cabeza con las manos, lo cual les imposibilitaba  seguir siendo infieles. Otros investigadores suponen que con el alargamiento del cuello las mujeres se volvían desagradables y feas a  los ojos de los hombres de otras tribus;  y ya no las raptaban para convertirlas en  esclavas. También se piensa que se trata de una imitación del cuello de los dragones, sagrados en toda el Asia, y sobre todo adorados por los karen quienes sostienen que descienden de un dragón femenino que tuvo relaciones sexuales con un humano híbrido que además era ángel. Así pues, al usar los anillos se venera a la Madre Dragón. Por lo tanto, los anillos son una especie de amuletos sagrados que  proporcionan salud, o propician un buen viaje cuando es necesario partir. Podemos considerar que se trata de santuarios portátiles que las mujeres lucen con orgullo y les recuerda su origen divino. Por otra parte, los anillos constituyen un adorno y un símbolo que determina el rango social de quien los porta.

La aplicación de los anillos. Los anillos están fabricados con una aleación de plata, bronce y oro. A los cinco años de edad se le coloca a la niña su primer anillo, en una ceremonia de iniciación, que incluye una gran fiesta. Sólo las niñas que han nacido en días fastos y durante la luna creciente, tienen derecho a usar anillos. En primer término, se da un masaje en el cuello de la niña con un ungüento cuya fórmula se mantiene en el más absoluto secreto. Una vez relajado el cuello por el masaje, se le gira suavemente la cabeza durante una hora, y finalmente se le coloca el primer anillo, cuyo diámetro es de diez centímetros. Para evitar que el anillo lastime la carne de la niña, se coloca una almohadilla entre el metal y la carne, que luego se retirará. Cada dos años se agrega un anillo más. A los veinticinco centímetros de altura del cuello,  cuando la joven está ya en edad de casarse, el peso de los anillos es de entre cinco y diez kilos, lo cual es bastante incómodo para llevar una vida normal y requiere de estrategias cotidianas. Por ejemplo, para dormir es necesario hacerlo sobre una alta almohada de bambú que pueda sostener el peso de los aros. Todas las actividades diarias requieren de más tiempo y lentitud. Asimismo, las “mujeres jirafa” no pueden voltear a ver el suelo ni a su hijito mientras lo amamantan. Otra versión nos cuenta que no son anillos los que se van agregando al cuello de las niñas y de las jovencitas, sino una espiral de bronce, que se va cambiando en relación al crecimiento de las mujeres

Los aros deben limpiarse dos veces al día a fin de evitar la formación de moho, y de que el metal, con su continuo roce, cause heridas en la carne de la portadora. Actualmente, algunas mujeres han rechazado la práctica de la utilización de los anillos; sin embargo subsiste la costumbre, pues constituye un atractivo turístico que proporciona al pueblo divisas, debido a la morbosa curiosidad de los turistas  que acuden a ver a las “mujeres jirafas”.

Cada nuevo anillo que se pone empuja hacia abajo la clavícula y comprime la caja de las costillas; el mentón se dirige hacia arriba y las vértebras cervicales se comprimen, lo que da lugar al aspecto de un cuello muy largo. Así, no es el cuello el que se alarga, sino que las costillas se comprimen hacia abajo. La mayor longitud que se ha obtenido en un cuello ha sido de cuarenta centímetros con un peso de cinco kilos. Puestos los aros ya no pueden ser quitados, pues podría provocarse un fatal desnucamiento o asfixia, ya que los músculos atrofiados del cuello no aguantan el peso de la cabeza. La fecha para llevar a cabo este rito de iniciación la escoge el chamán mediante rigurosos cálculos. Como dijimos, la conseja popular afirma que sólo las mujeres nacidas en miércoles de luna llena pueden convertirse en auténticas “mujeres jirafa”. En el siglo pasado, algunas “mujeres jirafa” fueron llevadas a Inglaterra para exhibirlas en el circo Bertram Mills, como fenómenos humanos.

Aparte de los anillos, las “mujeres jirafa” se ponen en el pelo tiras de tela que enredan en la cabeza, como si fuera un turbante, sostenidas con alfileres de plata. De entre el turbante aflora un flequillo que cae encima de las cejas. Los brazos se adornan con pulseras de plata. Llevan una blusa que es como un huipil de color blanco, bordado en las uniones frontales, laterales, así como en el cuello y las mangas. Utilizan pantalones bombachos. Estas mujeres para ganar dinero permiten a los turistas que las fotografíen, a más de vender brazaletes, pañuelos y figuras que ellas mismas fabrican; mientras los hombres se dedican a cobrar lo ganado por sus mujeres, el cual es administrado por los líderes de la tribu.

Simbolismo del cuello

– Las etnias likuala y likuba del Congo consideran que en el cuello se encuentran las articulaciones del cuerpo conductoras de las energías generatrices. En el cuello se localiza la primera articulación donde reside la vida del recién nacido; asimismo, en ella se aloja la última manifestación vital de los hombres cuando se encuentran en trance de muerte.

– Los indios guaraníes  de la rama apapocuva, habitantes del Mato Grosso de Brasil, piensan que en el cuello se encuentra el alma animal del hombre. Si el hombre es dulce, su alma es una mariposa; pero si es malvado, entonces su alma es la de un  jaguar.

– La poesía árabe-persa análoga el cuello de las mujeres con el árbol del alcanfor, gracias a su perfume y delgadez. También lo comparan a la vela, al largo peine de marfil, a la rama florida de los árboles,  y a los lingotes de oro.

Para el psicoanálisis el cuello simboliza la seguridad, la fe, y el lugar de la confianza.

– En el tarot, el cuello connota la importancia de la afectividad.

 

 


 

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