Los compra chicos

Homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. Frase de Thomas Hobbes, filósofo inglés (1588-1679)

Compra chicos, o cheylas en hindú “buscadores de niños”, es un término que designa una actividad de lo más terrible en cuanto a crueldad infantil se trata. Víctor Hugo en su novela El hombre que ríe, la utilizó para nombrar a los hombres que compraban o robaban niños para modificar su apariencia física y atrasar su crecimiento, por medio de la deformación de la cara, el corte de los ojos, la dislocación de las articulaciones y el rompimiento de los huesos. De esta forma se conseguía producir auténticos monstruos que ejercían el oficio de saltimbanquis y bufones y eran vendidos a los señores ricos para su diversión; asimismo, estos pobres niños deformes se convertían en parte de las atracciones de las ferias.

En el siglo XVII dio inicio la práctica de los compra chicos. Bandas secretas e itinerantes, que compraban niños a las familias humildes y pobres, para deformarlos desde muy temprana edad. Esta secta actuaba, principalmente, en Inglaterra y en España, donde compraban y vendían a los pequeños infantes, cuya misión en la vida era hacer reír a sus amos, mientras sufrían el dolor de saberse diferentes y monstruosos. En España existió un señor de nombre Ramón Selles que se dedicó a tan nefasto comercio de 1834 a1866, su actividad mantuvo aterradas a las provincias de Murcia, Alicante y Valencia.

A los dos o tres años, los niños eran colocados en vasijas de porcelana que tenían orificios por los cuales los infantes sacaban la cabeza y los pies. Durante el día la vasija se mantenía de pie, por la noche se la reclinaba para que el niño pudiese dormir. Así se les dejaba durante varios años, hasta que el cuerpo se atrofiaba y deformaba completamente, se anchaba, pero no crecía, El rostro de los niños se deformaba por medio de cortes, que efectuaban personas que conocían algo de medicina. Los niños eran drogados para tal efecto con un polvo traído de China. El resultado eran caras horripilantes de payasos y monstruos. Al mismo tiempo, al niño se le trabajaba psicológicamente para que adquiriera conciencia de que su papel en la vida era divertir a sus futuros amos y dueños.

Víctor Hugo, el escritor francés, escribió un libro basándose en esta práctica, se trata de El hombre que ríe, publicada en 1869. En él describe la tarea de los compra chicos en Inglaterra. Gwynplaine es el chico robado y vendido a un compra chicos que le desfigura por medio de la operación llamada bucca fissa, que le proporciona una eterna sonrisa. Además, le deforma las articulaciones, le tiñe el cabello y le el arte de ser saltimbanqui. La bucca fissa consistía en cortar nervios faciales desde la boca hasta las orejas, con lo cual se conseguía una mueca de eterna felicidad.

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