Las modificaciones del pene y los testículos. 1ª Parte

 Otras veces hacían un sucio y penoso sacrificio, juntándose en el templo los que los hacían y puestos en regla se hacían sendos agujeros en los miembros viriles, al soslayo, por el lado, y hechos pasaban toda la cantidad de hilo que podían, quedando así todos ensartados. Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán.

La Prehistoria. Las modificaciones fálicas, según algunos investigadores españoles, remontan a la Prehistoria, a finales del Paleolítico Superior (33,000-9,000. Su teoría, aún no comprobada del todo, se basa en los hallazgos arqueológicos de cuarenta y dos piezas fálicas en piedra, de las cuales el 71.4 % presenta agujeros a los largo de los penes realizados, probablemente, con propósitos decorativos. En la cueva de Vogelherd, Alemania, se encontró la figura de un falo de piedra decorado, cuyo fechamiento data de 30,000 años. En los Pirineos Franceses, en la cueva de Mas d’Avil, los antropólogos descubrieron un falo de marfil adornado con líneas esgrafiadas. Otro ejemplo aparece en la figurilla que representa un doble falo tallado en un asta de ciervo, de 12,000 años de antigüedad, localizado en la cueva de Gorge d’Enfer, con bellas decoraciones (posiblemente escarificaciones) a todo lo largo de los dos penes, utilizado, probablemente para enderezar puntas de lanza en hueso. Las piezas prehistóricas fálicas se han encontrado, mayormente, en Francia; sin embargo, también tenemos ejemplos que provienen de España, Alemania y Ucrania. Obviamente, las razones que tuvieron nuestros antepasados para decorarse el pene son un absoluto misterio, sólo podemos especular que se trataba de razones mágicas o decorativas, como hemos mencionado. Veamos algunos ejemplos de modificaciones fálicas y testiculares en grupos culturales antiguos y contemporáneos.

Roma y Grecia. Según algunas referencias, en las culturas clásicas, los gladiadores romanos que luchaban en el Circo, acostumbraban perforarse la cabeza del pene en donde colocaban un anillo. Los atletas de la Antigua Grecia solían ponerse en el prepucio perforado del pene, una cinta adornada con una joya que se amarraba para sostenerlo, a fin de evitar que se desplazara en el momento de realizar algún deporte, pues es de todos conocido que los atletas griegos competían totalmente desnudos. La cinta recibía el nombre de kynodesme, de kuon, prepucio y desmos, banda.

La subincisión del pene o arilta en Australia. La subincisión del pene es en una modificación corporal por medio de la cual se efectúa una uretrotomía. En la parte inferior del pene se practica una incisión desde el meato urinario, su orificio, hasta la base del falo, la uretra queda hendida. Desde hace largo tiempo, la subincisión se ha acostumbrado en diferentes culturas y lugares: en la Melanesia, África, América del Sur y la Polinesia. Casi siempre forma parte de los ritos de iniciación; es decir,  cuando los niños alcanzan la mayoría de edad y se consideran adultos de su comunidad.

Esta práctica tiene sus riesgos, ya que propicia la trasmisión de enfermedades sexuales, y tiene el inconveniente de no permitir la óptima entrada de los espermatozoides a la vagina. Además, obliga a los hombres a orinar en cuclillas.

La modificación del pene se encuentra muy difundida entre los indígenas australianos, sobre todo en la parte central del continente, habitada por los arandas, asentados en dicha zona desde hace 20,000 años; y  los liritja, habitantes de la parte oeste del desierto. Los arandas denominan a la subincisión con el nombre de arilta. Esta costumbre les fue enseñada por Mangar-Kunjer-Kujalt, el Espíritu Hombre Lagarto, del Tiempo del Sueño Mitológico, cuando el dios creó a las criaturas vivientes, rella manerinja,  justo  al lado de una colina sagrada.  Estos seres primarios estaban fusionados y el dios los separó con una navaja; misma que empleó para hacerles orificios que les sirvieron como nariz, oídos y bocas. Asimismo, otorgó a los humanos la navaja, el boomerang, el fuego, la lanza y la tjurunga,  objeto sagrado que se emplea en muchas de las ceremonias indígenas y les enseñó a la celebrar la ceremonia del matrimonio. La subincisión ocasiona que el pene de los australianos se achate, y tenga semejanza con una vulva; el sangrado del corte inicial equivaldría a la menstruación de las mujeres. Mientras se lleva a cabo esta ceremonia fálica, los integrantes de la comunidad recitan versos sagrados

Los lardil de la Isla de Mornington, Queensland, también en Australia. Efectúan la misma ceremonia de iniciación. Los jóvenes que se hacen la operación deben aprender un complicado lenguaje denominado damin. Este lenguaje especial se habla en dos ceremonias de iniciación muy importantes: la luruku, que incluye la circuncisión, y la warama, donde se realiza la subincisión.  Poco a poco la práctica de la arilta está desapareciendo.

Entre los mardudjara australianos del Lago Disappointment, cuando un joven llegaba a los 14 años debía ser subincisionado. Los jefes del grupo lo llevaban a una fogata y le acostaban en el suelo al lado de una fogata, con un boomerang colocado entre los dientes, para impedir que gritara de dolor. En medio de danzas y cantos rituales ejecutados por los miembros de la tribu, un grupo de hombres llamado mourners, lloraba y lanzaba continuos lamentos. El jefe encargado de la circuncisión (primera etapa de la ceremonia), se colocaba sobre el niño, con el pecho frente al pene,  tomaba con la mano el prepucio y lo estiraba, a fin de que dos hombres lo cortaran con unos cuchillos considerados  mágicos. El chico se arrodillaba en un recipiente que se colocaba cerca del fuego para que el humo purificase la herida. Mientras tanto, los jefes le introducían en la boca una “buena carne”, el prepucio, para que se la tragase en un acto simbólico de “tragarse su niñez”, pues se trata de una ceremonia de iniciación.

Algunos meses después, se realizaba la subincisión. Se volvía a llevar al niño a una fogata, las danzas y los cantos se iniciaban, el jefe se volvía a sentarse sobre su pecho, y tomaba el pene con su mano. Metía por la uretra una vara, como soporte del cuchillo, y cortaba desde el frenillo bajo la cabeza del pene, hasta el escroto. El joven debía permanecer de pie cerca del fuego, a fin de que su sangre rociara la fogata. En seguida, el niño orinaba adoptando la postura de una mujer. Esto ha llevado a los antropólogos a pensar que en la ceremonia existe un simbolismo que remite a la menstruación femenina. Actualmente, el ritual casi ya no se realiza

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