La mutilación genital femenina. Primera Parte

LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA

La mujer que me lo hizo no mostró ninguna compasión. Se limitó a sacar una cuchilla rota. Podía ver la sangre seca de alguna otra chica, pero no estaba bien afilada y tuvo que pasarla una y otra vez. Se podía oír cómo se rasgaba la piel. Tardó mucho tiempo. Me metió un palo en la boca y me dijo que le diera la mano. Cuando acabó de cortar, cogió unas espinas, atravesó los labios de la vulva con ellas y usó hilo para cerrar. Testimonio de Waris Dirie, mujer somalí creadora de la Fundación Waris Dirie contra la mutilación.

La mutilación genital femenina es la ablación de cualquier parte de los genitales femeninos, por motivos religiosos o culturales. No se sabe con exactitud dónde ni cuándo se empezó a realizar este ritual, pero algunos historiadores suponen que fue en el Antiguo Egipto hace 4000 años, donde se inicio, como lo atestiguan momias en las que se observa la mutilación. Desde Egipto se extendió hacia algunas zonas de África central. Se trata de una práctica muy extendida que abarca Medio Oriente, Asia, Europa, Australia y América.

Esta costumbre, absolutamente salvaje, se efectúa en niñas cuya edad varía entre los dos o los siete años, aunque en algunas culturas se efectúa a los dos días de que la niñita nace, antes del matrimonio, o después del primer parto. Por supuesto,  no se utiliza anestesia y el peligro de contraer infecciones es sumamente alto, por la falta de higiene con que suele realizarse. Generalmente, la mutilación la llevan a cabo las curanderas. Los instrumentos que se emplean para cortar son cuchillos, latas y piedras afiladas, los cuales, por supuesto, no han sido esterilizados. No se anestesia a las niñas,  son alentadas a acudir a la operación por las mismas madres y demás parientes de su mismo sexo, quienes, increíblemente, aceptan la costumbre e incluso animan a sus hijas a aceptarla como parte de sus patrones culturales. Las mujeres operadas no deben quejarse ni expresar dolor, pues eso es considerado como signo de debilidad y deshonroso para la familia. Si la mujer no está circuncidada tendrá que soportar el rechazo social.

En general, podemos afirmar que los objetivos de la mutilación genital son:

– Mantener a la mujer virgen hasta el matrimonio.

– Abolir el deseo sexual en la mujer.

– Garantizar la fidelidad.

– Contribuir a incrementar el placer del hombre.

– Pertenecer a la comunidad de las mujeres adultas, mediante la realización del rito de iniciación. De lo contrario permanecen impuras, y no se considera a la mujer miembro de la comunidad ni digna de casarse.

– Obedecer los mandatos de Mahoma, lo cual es falso, pues el Corán no menciona nada al respecto.

– Propiciar la sumisión de la mujer y de su buen juicio.

– Evitar que el clítoris crezca y se asemeje a un pene.

– Evitar que el pene toque el clítoris durante el coito porque el hombre moriría.

– Eliminar el clítoris para que el bebé pueda nacer, pues de existir el niño morirá.

– La creencia de que la mujer es más fuerte si no tiene clítoris y, por lo tanto, más resistente para soportar el embarazo y el parto.

– Hacer fértil a la mujer, que será estéril mientras mantenga su clítoris intacto.

– Proteger al marido de una muerte segura, ya que si toca un clítoris no sobrevivirá.

– Mantener limpia y purificada a la mujer. Si no ha sido mutilada está sucia y se le prohíbe tocar los alimentos y el agua.

– Quitar los genitales femeninos por considerarse que son “feos” y voluminosos.

– Para los cristianos coptos de Egipto, Etiopía y Sudán, y la comunidad judía falash de Etiopía, y otras comunidades religiosas, forma parte de sus creencias religiosas –aunque no para todos los países islámicos- y si las mujeres no están mutiladas no tienen el derecho de rezar y son rechazadas.

Existe un tipo de infibulación llamada faraónica, en la que se extirpa, además del clítoris, los dos labios menores y una parte de los mayores o todos ellos. Luego se procede a suturar con espinos de acacia enana, que es un género de arbusto de la Familia de las Fabaceae y de la Subfamilia Mimosoideae, conocida desde muy antiguo por ser muy curativa, y tener la capacidad de alejar la mala suerte. Los hebreos la conocían con el nombre de madera de setim. Los espinos de la acacia se fijan con un cordel, y se asegura su permeabilidad con un trozo de bambú. Para detener una posible hemorragia se aplica una mezcla de goma arábiga y azúcar, y se amarran las piernas hasta la altura de las rodillas. Pasadas unas cuantas semanas se quitan los espinos. Si la operación fue un fracaso,  debe repetirse.

Podría decirse que existen varios tipos de mutilación, según ha establecido Bénedicte Lucas, licenciada en Derecho Internacional y Europeo por la Facultad de Paris Sud XI-Faculté Jean Monnet, en Francia, en atención a la amplitud de la extirpación. Mencionemos su clasificación:

– Escisión circular del prepucio, con extirpación parcial o total de los labios menores, llamada circuncisión sunna.

– Extirpación total o parcial del clítoris, con extirpación total o parcial de los labios menores. Es igual a la clitoridectomía.

– Extirpación del clítoris, de los labios menores y los mayores, cosido de los costados de la vagina con orificio para la salida de la orina y la menstruación. Se la llama infibulación. Es la forma más terrible de mutilación. Se realiza en sobre todo en Sudán y Somalia; en menor medida en Egipto, Etiopía, Eritrea, Kenia y Gambia.

Hay otras modalidades que incluyen: perforación de los labios o del clítoris o su incisión, la punción, estiramiento de los labios o del clítoris, cauterización del clítoris o de los labios, cortes del angurya (raspado del tejido circundante que rodea el orificio de la vagina), cortes del gishiri (corte de la vagina), sustancias y hierbas corrosivas en la vagina para provocar sangrado o para hacer más estrecho el conducto vaginal. (Cfr. Monnet, Aproximación antropológica a la práctica de la ablación o mutilación genital femenina).

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