La Circuncisión Religiosa. Segunda Parte

Los árabes y la circuncisión, attathir. En la Península Arábiga o Arabia, situada en la confluencia de África y Asia, la circuncisión existió antes que el Islam; es decir, la religión monoteísta abrahámica basada en el Corán, la cual establece la existencia de un sólo dios, Alá, y  de su profeta, Mahoma. Actualmente, el islamismo cuenta con 1200 millones de adeptos.

En la Arabia primitiva la poesía antigua testimonia la práctica de la circuncisión antes de la aparición del islam. Sin embargo, no contamos con suficiente material para saber por qué y cómo de realizaba.

En la Arabia islámica, esta operación es de índole religiosa, muchas veces mencionada en la poesía y en el Hadith de Mahoma; es decir, en la recopilación donde, encuentran sus máximas o preceptos. En una de ellas, se recomienda que la circuncisión se efectúe al séptimo mes de nacido un niño, en el día denominado aq. Pero se permite realizarla  hasta llegada la pubertad de los niños. Quien no esté circuncidado se le considera impuro. Ya lo dijo Mahoma: Circuncida tus hijos cuando ellos tienen 7 días de nacidos y es mejor para ellos y la progenie crece más rápido.

Ibn-Abbas, primo paterno de Mahona, decía que Mahoma nació circuncidado y con el cordón umbilical cortado, y el mismo Profeta asentaba: Por motivo de mi honorable posición en Dios, Yo nací circuncidado y nadie vio mi pudor (pudendum). Otro mito nos cuenta que fue un ángel quien realizó la operación, y además se metió en su cuerpo, a través del tórax, y lo purificó. Una leyenda, nos dice que fue su abuelo Ad-Al-Muttalib quien lo circuncidó cuando el niño tenía siete años, lo cual fue motivo de una gran fiesta.

Unas consejas árabes afirman que la orina de un hombre no circuncidado es impura. Según la Palabra de Mahoma: La tierra se vuelve profanada 40 días por la orina de una persona no circuncidada. La tierra se queja vehementemente a Dios por la orina de los no-circuncidados.

Como la circuncisión  es un rito muy antiguo y pre islámico, como hemos dicho, no está asentada en el Corán, libro sagrado de los musulmanes, sino que forma parte del Sunnah, o sea, los patrones de conducta distados por el  profeta Mahoma. Se trata de una ceremonia sumamente importante en la vida de un musulmán. En lengua árabe se denomina attahir, que significa “purificación”.

Existe un testimonio de  Rachid El Quaroui, historiador y antropólogo tunecino, en el que relata una circuncisión realizada en un pueblo del Magreb. En él nos cuenta la propia experiencia dolorosa del procedimiento. Su madre fue la encargada de llevarle a la operación, luciendo un vestido ancho de color blanco -utilizado para las fiestas-, llamado gandura. Frente a una cofradía religiosa, a la que la madre lo llevó con engaños, fue cargado por unos hombres que gritaban continuamente: ¡Alá Akbar, ¡Alá es el más grande!, quienes lo llevaron ante el circuncidador. Dos hombres le amarraron y abrieron las piernas; el hadjem, el circuncisador agarró unas tijeras,  y le ordenó que mirase hacia el techo donde un pájaro ficticio volaba; tomando en su mano el pene le cortó el prepucio sobre un papel de periódico en el que había un polvo blanco, tal vez harina. Una vez realizada la operación, el niño le fue entregado a su madre, quien lo envolvió en una sábana y le llevó a casa, para iniciar la fiesta preparada con antelación. A este tipo de circuncisión se la llama El Robo, y no es muy rica en ritos ni muy tradicional.

Sin embargo, entre los bereberes de las zonas rurales, el ritual es mucho más elaborado y apegado a la tradición. Da inicio un lunes o un miércoles previamente seleccionado, dentro de un mes que sea número par. El día señalado las mujeres preparan el cuscús, en medio de gritos y cantos sagrados. El tío materno hace entrega a su sobrino de una gandura bordada con hilos de plata y oro, a la que llaman kittani. En seguida,  se procede a cortarle un mechón  de pelo al niño en una ceremonia llamada tahfifa, en la cual no debe participar ninguna mujer, tan solo hombres. Poco después, se les entrega a los hombres una canasta, hassoughlit, que contiene nueces, higos, carne seca, granadas y caramelos. Los hombres la depositan en una bolsa grande denominada aklouth. Se baila durante toda la noche la rahbia, danza en la cual intervienen cuatro hombres y cuatro mujeres. Mientras tanto, las mujeres de la tribu preparan la henna acompañándose de sus cantos. La madre del niño elegido, le coloca un recipiente entre las piernas, en medio de cantos litúrgicos. Se forma un círculo de mujeres que cantan alabanzas a dios, mientras que la abuela coge un trozo de henna y lo coloca en la mano derecha de su nieto, y   la envuelve en un velo de color azul, para que la manita quede impregnada del pigmento. Si el niño muestra cansancio, puede acostarse un rato para reposar acompañado de muchachas jóvenes, cuya tarea consiste en relatarle cuentos.  Las fiestas, las danzas y las comidas continúan durante todo el día. Al siguiente, llega el circundante, que es también el barbero de la tribu, seleccionado por su habilidad y por estar acostumbrado a manejar cuchillas. El tío busca al niño, mientras la madre mete el pie derecho en una palangana llena de agua y aprieta entre los dientes un broche de plata que, posteriormente, será colocado en el traje blanco del muchachito. Cuando el tío encuentra al niño, lo pone  sobre las rodillas del tío paterno, mientras tanto el candidato toma un trozo de carne y una granada que arrojará al cirncuncidador en el momento en que le corte el prepucio, como una manifestación de su primera rebeldía varonil, pues la niñez se ha dejado atrás.Se le abren las piernas al niño sobre un plato que contiene tierra, se le dice  que mire al pájaro que está volando en el techo, y se le corta el prepucio de un tajo. El jovencito llora como loco y le arroja la comida a la cara a su verdugo. Una semana después el prepucio es enterrado, en otra ceremonia de gran significación religiosa.

 La circuncisión y los dogones. El grupo étnico dogón habita la Meseta Central de Malí, al sur del Sahara, en el territorio de los Acantilados de Bandiagara. Se trata de uno de los pueblos más antiguos de la región subsahariana de África. Profesan una religión basada en el animismo. Entre ellos, existe la creencia de que los seres humanos nacen con elementos tanto masculinos como femeninos. El prepucio se considera de índole femenina y el clítoris se toma como un elemento masculino. Esta es la razón por la cual se llevan a cabo los ritos referentes a la circuncisión, pues permiten otorgar el sexo correspondiente a cada persona. La práctica de la circuncisión dogona deriva de un mito el cual se nos relata que cuando el dios supremo Amma abandonó a su esposa, creó a la primer pareja con barro, y como ambos tenían los dos elementos sexuales antes mencionados, circuncidó al varón y a la hembra, quienes una vez operados tuvieron relaciones sexuales a consecuencia de las cuales que nacieron ocho hijos: los primeros dogones, que se fueron procreando de ocho en ocho, hasta que se formó la humanidad. Los primeros ocho nacidos ascendieron al Cielo y se convirtieron en los dioses del agua. Antes de subir al paraíso, el séptimo dios abrió la boca que se transformó en telar; tejió una  lengua de algodón, con la cual transmitió el segundo lenguaje a los humanos. Pero los ocho ancestros no se llevaron bien con Amma en el Cielo, y el dios los hizo bajar a la Tierra, ateniéndose al orden de su nacimiento.  El octavo dios quiso ganarle al séptimo, quien, enojado, se transformó en serpiente y destruyó todo lo que habían creado sus hermanos. Entonces, los hermanos terriblemente ofendidos,  se unieron y junto con los dioses decidieron destruir a la serpiente, a Lebe, quien poseía un tercer lenguaje que permitía transmitir el conocimiento. Finalmente, le cortaron la cabeza a Lebe y la enterraron junto con ella. En ese momento,  los humanos recibieron el tercer lenguaje en la forma de un tambor y recibieron los conocimientos que necesitaban.

Los niños dogos se circuncidan entre los nueve y los doce años de edad, lo que determina el término de su niñez y establece su iniciación como hombres de la comunidad; es decir, su aceptación como parte del grupo dogón. El herrero de la tribu es el encargado de efectuar la circuncisión. Se escoge al herrero porque simboliza al Herrero Celeste mitológico; el héroe civilizador que llevó a los dogones los granos cultivables desde el Cielo, y les enseñó el arte de la agricultura. Así pues, simbólicamente, es el herrero celeste quien rebana el prepucio con un cuchillo que él mismo fabrica sobre un pembele -que es la imagen del universo, de los dioses y la tumba de los antepasados. Para que el niño no tenga miedo y con el fin de distraerlo, el herrero le entrega  un limoncillo. Mientras el niño ve el limoncillo, el herrero corta el prepucio, el wanzo, para dejar el glande al descubierto. La operación se lleva a cabo sobre una roca la roca, en la cual se pueden apreciar los restos de la sangre del muchachito.

La ceremonia de la circuncisión no es personal sino colectiva, pues son varios los niños que tienen la misma edad y están listos para ser circuncidados. Una vez que los niños han sido operados, deben pasar un cierto tiempo separados de la comunidad, hasta que la cicatriz del corte del prepucio haya cicatrizado. Los muchachitos circuncidados reciben muchos regalos, pues la ceremonia se considera toda una fiesta. En la celebración tocan un instrumento que está fabricado con una vara de madera y un calabazo, con el que se produce un sonido de percusión. El instrumento es un sistro cuya función es alejar a las fuerzas del mal y cualquier tipo de influencia maligna.

En el poblado dogón de Songho, existe una cueva dedicada especialmente a la circuncisión; está pintada de rojo y blanco, y adornada con pinturas rupestres que representan animales, plantas y seres mitológicos. Los colores de tales pinturas son el rojo, el blanco y el negro. Las pinturas de la cueva se repintan cada tres años en una ceremonia llamada la Ceremonia del Anciano, ya que son los ancianos del pueblo los encargados de la tarea de renovar la pintura de la cueva. Cada color tiene su simbolismo: el blanco representa la felicidad y la carne; el rojo la sangre; y el negro simboliza  los alimentos del espíritu.

La ceremonia de la circuncisión se realiza cada tres años. Dentro de  la cueva se encuentra otra más pequeña en la que se guardan los instrumentos musicales que los niños tañen después del ritual. Los niños y las mujeres que no han sido circuncisos, tienen estrictamente prohibido entrar a la cueva y ver las pinturas que en ellas se encuentran.

A los veinticinco días de haber sido operados, los niños emprenden una carrera desde un árbol que se encuentra en el valle, hasta la loma donde está la Cueva de la Circuncisión. Los tres primeros que llegan deben tocar tres puntos rojos pintados en la gruta, para obtener los ansiados regalos que se les dan  como premio. Al primero que llegó a la meta, su familia le obsequia costales de arroz y mijo, cereales que donaron  todos los habitantes de la aldea. El segundo en llegar, tiene derecho a escoger a una muchacha soltera que le guste. Y el tercero es acreedor a dos vacas.

Ya que los niños han sido sometidos a la operación deben caminar desnudos durante un mes, para ser admirados por los demás miembros de la tribu y así mostrar que ya son parte de ella. Si algún niño muere sin haber tenido tiempo de someterse a la circuncisión, su cadáver se debe operar sin falta.

Los dogones también practican la circuncisión femenina, costumbre ésta ligada a la mitología, al llamado Desorden Universal ocasionado por la unión del dios Amma y la Madre Tierra, unión sexual que se realizó de manera imperfecta debido al clítoris de la diosa; de tal unión nació el Chacal, símbolo del desorden del mundo. Ante esta tragedia, el dios Amma extirpó el clítoris de la Madre Tierra, volvieron a copular y el mundo entró en un orden perfecto.

 

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