La castración masculina

¿Al bajar su cuchillo el docto cirujano o el simple barbero del pueblo, tenían conciencia de estar decidiendo irrevocablemente la gloria o la vergüenza de un hombre? Patrick Babier, Historia de los castrati.

Se conoce como castración a la acción de extirpar los testículos o los ovarios de los machos y de las hembras, respectivamente. Se la  practicado desde tiempos muy  remotos en diversas culturas establecidas en regiones tan disímiles como Europa, Medio Oriente, China, África y otras. Los motivos por los cuales se ha efectuado la castración masculina son diversos  y a cual más de bárbaro: por razones económicas, religiosas, artísticas, como castigo, u otras. Por ejemplo, a los esclavos africanos se les castraba porque se creía que con ello su valor aumentaba en el mercado. La práctica era inhumana, pues al hombre que iba a ser castrado se le privaba de beber agua durante dos días enteros; después se le extirpaban los testículos y se le cicatrizaba la herida empleando un hierro al rojo vivo. Para que se volvieran a abrir los uréteres, se le daba al esclavo a beber mucha agua. De más está decir que muchos esclavos morían a causa de esta salvaje operación.

La castración como castigo. Como forma de castigo tenemos el caso del importante historiador chino Sima Qian (145 a.C.-90 a.C.), quien escribió los famosos Registros Históricos y fuera escriba en la corte de la Dinastía Han (206-220). Por defender a un militar llamado Li Ling, equivocadamente acusado de perder una batalla contra los xiongnu, pueblo nómada del norte, el emperador castigó a Qian con la castración. Era costumbre que los condenados a la castración se suicidasen para salvaguardar su  honor; sin embargo, el historiador no siguió la tradición y prefirió seguir escribiendo hasta terminar su famosa obra, una vez que hubo cumplido su condena de tres años en la cárcel y fuera sometido a la castración.

Con este mismo objetivo, la punición, la castración se practicó entre los asirios y los egipcios antiguos. Éstos últimos la practicaban como castigo a los hombres que habían sido infieles y a los violadores. Entre los asirios no se toleraba la homosexualidad masculina y durante el reinado de Tiglatpileser I (1114-1076), en el período medio del imperio asirio, hubo leyes en que se condenaba la práctica de la homosexualidad con la castración, según lo demuestra una tablilla escrita en caracteres cuneiformes:

 Ley 20: Si un hombre ha yacido con su amigo y se prueban los cargos y se le encuentra culpable será castigado convirtiéndole en eunuco.

Por otra parte y en otro continente, los frisios, antiguos pobladores de los actuales Países Bajos, mutilaban sexualmente a los ladrones que se atrevían a robar en los templos dedicados a sus dioses, antes de ejecutarlos.

Otro ejemplo de castración punitiva le ocurrió al famoso Pedro Abelardo, nacido en Nantes, Francia, en 1079 y reconocido como un genio de la dialéctica y del silogismo profundo. Además de ser maestro, músico y poeta, es conocido por su amor a Eloísa, hermosa parisina nacida en el año de 1101, sobrina de Fulberto, canónigo de la Catedral de Paris, quien al enterarse de sus amores, del embarazo de la damisela  y de su secuestro por parte de su amante, sobornó a varios criados que entraron en el cuarto de Abelardo y lo castraron. Los malhechores recibieron el mismo castigo, a más de habérseles quitado los ojos; el canónigo fue expulsado de Paris y Abelardo, triste y deprimido, decidió meterse a monje, después de haber enviado a su amada a un convento situado en Argenteuil, donde terminó sus días como desdichada monja.

Los eunucos en China. La palabra eunuco proviene del griego eunukos, de –eune, cama, y –ako, tener, cuidar. Por tanto, un eunuco es aquella persona que cuida la cama. Dejando a un lado la etimología, se les conoce como eunucos a los hombres que han sido privados de los genitales externos. Está práctica se ha llevado a cabo en múltiples culturas, como por ejemplo la China en donde se les empleaba en el Palacio Imperial. Fue durante la dinastía Ming (1368-1644) cuando alcanzaron su mayor importancia. Pero la existencia de los eunucos remonta a 535 a.C. En China recibían el nombre de huagmen, “puerta del palacio”. En un principio, los eunucos chinos fueron delincuentes castigados con la castración; poco después, ante su gran demanda, se empezó a castrar a los hombres aun no siendo delincuentes. Muchos de los eunucos chinos ocuparon diferentes cargos en la sociedad y lograron una buena situación económica; por lo que fue común que los aldeanos chinos que vivían en la miseria, se hicieran castrar  visitando al barbero- cirujano, con objeto de acceder al Palacio Imperial. La forma de castrar era muy dolorosa: el barbero envolvía el pene y  los testículos con una venda que apretaba muy fuerte, retorcía el envoltorio y tomaba un cuchillo curvo para realizar el corte. Preguntaba al hombre si estaba verdaderamente decidido a castrarse a lo que él debía responder si era mayor de edad, o si no, su familia tomaba la decisión. Entonces, el barbero cortaba los genitales. En seguida, bañada la herida con sales y aceites para detener la horrible hemorragia que se producía, y ponía una cuña de estaño en la uretra. El operado no podía tomar ninguna bebida por varios días y debía caminar suavemente y sin detenerse. Pasado cierto tiempo se quitaba la cuña: si el hombre podía orinar se tomaba por bien hecha la operación; pero si no lograba desalojar la vejiga quería decir que la operación no había resultado, y por tanto la muerte vendría son remedio. Los genitales los guardaba el barbero en un frasco, anotaba el nombre del dueño y la fecha en que habían sido extirpados. En cambio, si el hombre deseaba llevarse con él sus órganos sexuales a cada ascenso que tuviera en la corte del emperador debía mostrarlos como un rito para certificar el haber sido verdaderamente castrado. Si por suerte no los tenía con él, debía regresar con el barbero y negociar su devolución.

 Sun Yaoting fue el último eunuco imperial, que vivió en la corte del último emperador Pu Yi. Murió el 17 de diciembre de 1996, cuando contaba con 93 años de edad. Vivió durante sus últimos veinte años en el templo budista de Guanghua, en Pekín. Procedía de una familia muy pobre. Su padre lo castró cuando contaba con sólo 10 años, a fin de que pudiese ingresar en el Palacio Imperial y dejar su terrible pobreza.

Los eunucos otomanos. En el Imperio Otomano (1299-1923) asentado en Asia Menor, también conocido como el Imperio Turco Otomano  cuya capital fue Constantinopla, el dirigente supremo era el sultán, quien gozaba de un poder absoluto con todas las canonjías imaginables. Todos los sultanes tuvieron un harén, gobernado por la madre del sultán a quien se denominaba la “sultana válida”,  quien gozaba de amplia influencia en los asuntos relacionados con el gobierno. Le seguía en importancia la primera esposa del sultán, madre de su primogénito. Después venían las cuatro esposas oficiales.

El harén, cuyo significado corresponde a “sagrado” o “inviolable”,  estaba destinado a alojar a las mujeres dentro de los palacios. Todas las casas de los otomanos importantes y adinerados contaban con un habitáculo destinado a los hombres, el selamlik, y otro para las mujeres, el harenlik, al cual ningún hombre podía acceder, a excepción del dueño de la casa y de los eunucos. Aquel hombre que se atreviera a entrar en un harén, recibía como castigo la decapitación. En el harén vivían las concubinas del sultán, las princesas, las esclavas, y las concubinas de los funcionarios más allegados al sultán.

Los eunucos del harén se dividían en dos categorías: los eunucos negros que eran esclavos africanos quienes tenían con tarea principal servir a las mujeres, bajo las órdenes de un jefe eunuco negro; y los blancos, sobre todo esclavos balcánicos  que servían en la escuela con que contaba el palacio, lugar donde estudiaban los niños seleccionados  que se convertirían en oficiales o jenízaros de la selecta caballería del sultán. Muchos de estos eunucos fueron cristianos de valía y educación, capturados en la conquistas del ejército otomano. Hay que hacer notar que estos eunucos cristianos no estaban obligados a convertirse al islam.

El jefe de los eunucos blancos asesoraba al sultán en los asuntos de estado y contaba con tanto poder, o más, que el gran visir. Los eunucos negros custodiaban el harén de las mujeres, protegían sus puertas, y seguían a las esposas a todos lados. Por supuesto que se les escogía lo más feos que fuera posible, por aquello de un posible enamoramiento. Su estatus era muy bajo, pues no se les consideraba como hombres, ya que por estar castrados se creía que era imposible que llegaran a tener deseos sexuales de mujeres a las que cuidaban.

En el harén del Palacio de Topkapi, el palacio de las Puertas de los Cañones, en Estambul vivían las sirvientas cariyeler y las privilegiadas gedikiler. Si el sultán llegaba a tener deseo por una sirvienta cariyeler, los eunucos preparaban una cita de amor, y si el califa quedaba satisfecho sexualmente, la sirvienta se convertía en odalisca. De otra manera, las cariyeler nunca tenían contacto con el emperador. Si la odalisca era muy bella e inteligente, podía convertirse en concubina. Para lograr interesar al amo, estudiaban poesía, música, y a tocar varios instrumentos musicales; además de prepararse en otros campos del conocimiento.

Los eunucos que eran, principalmente, prisioneros de guerra púberes. La tarea de castrarlos les correspondía a egipcios cristianos o a judíos; pero como la castración estaba prohibida por el islam, se practicaba en el camino que llevaba al mercado. No todos los eunucos recibían la misma castración, pues había tres modos de castrarlos: al eunuco completo se le extirpaban los órganos sexuales completamente desde que era niño; es decir, el pene, el escroto y los testículos; al eunuco incompleto, se le extirpaban solamente los testículos al llegar a la pubertad; y al eunuco a secas, se le deterioraban los testículos frotándoselos bruscamente. Los más seguros para cuidar los harenes fueron los eunucos completos. A éstos no les salía barba, su laringe era pequeña y su voz se quedaba como la de un niño. Eran muy femeninos y morían antes de los 35 años.

Otras culturas.  Existen otras culturas también han contado con eunucos, tal es el caso del culto a Ártemis o Artemisa, diosa de la mitología griega, hija de Zeus y Leto. En las ceremonias religiosas dedicadas a ella participaban eunucos y vírgenes; como también sucedía en los rituales dedicados a Astarté, diosa siria de Hierápolis, cuando los hombres poseídos por su religiosidad se castraban a sí mismos y se vestían con ropas de mujer

Aun cuando Mahoma (570-632), profeta fundador del Islam, prohibía la castración y había declarado enfáticamente: El castrador de otros o de sí mismo no es seguidor mío,  en la practicaba hubo muchos esclavos castrados, quienes servían de guardianes de los harenes y de los santuarios.

Orígenes, Padre de la Iglesia nacido en Alejandría en 185 y muerto en Tiro en 254, a quien debemos su Hexapla, obra exegética del Antiguo Testamento, en su juventud tuvo mucho éxito con las mujeres sin él proponérselo. Agobiado por este hecho, en un arranque de locura y remembrando la frase de Jesús, hay eunucos que a sí mismos se han hecho eunucos por causa del reino de los cielos (Mateo 19:12), se castró. Se cuenta que, posteriormente, se arrepintió: chi lo sa.

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