Ipelele Opa llega a la Tierra. Mito Kuna, Dule. I

La mayoría de los indios kunas habita en el Archipiélago de las Mulatas, o San Blas, en la costa Caribe, al este de la provincia de Colón hasta Armila, Panamá. Una menor parte vive en las orillas del alto Río Chucunaque, del Río Bayano y del Río Tuira, en Panamá. Actualmente, existen cerca de treinta y cinco mil setecientos indígenas dule, que es el nombre que se dan a sí mismos, y que significa “persona que vive en la llamada Comarca Kuna Yala”. El idioma kuna, dulegaya, “lengua del pueblo”, pertenece a la Familia Chibcha.

Hace mucho tiempo el mundo era una masa de tierra compacta en donde no había nada. Sólo vivían unos animales que sabían hablar y otros que caminaban en dos patas. Un día Ipelele Opa llegó a la Tierra con su esposa y la encontró como una gran masa donde sólo estaban tales animales. En una ocasión, su esposa se emborrachó, y el dios no sabía por qué. Entonces tomó una de sus muelas, la cual se transformó en arriera, que caminó hasta llegar a un árbol llamado Ipuwala. Este árbol era grande y lleno de ramas, tan grande era que su copa formaba un bosque, en el cual los animales plantaban arroz, maíz, caña de azúcar, plátanos que tenían un jugo embriagante, y muchas otras plantas más. Ipelele Opa reunió a los animales y decidió talar el árbol. Entre todos emprendieron la tarea. Cuando había pasado un día, sólo habían podido talar la mitad del tronco del árbol. Al otro día, el dios y los animales llegaron al árbol para continuar con su tarea y se dieron cuenta que, inexplicablemente, estaba intacto; como si nada le hubiera pasado ni nadie lo hubiera tocado. Volvieron a la tarea de talarlo; la noche llegó y decidieron irse a descansar, porque habían trabajado con mucho empeño. Al día siguiente, los taladores regresaron para continuar con su trabajo, pero quedaron desconcertados cuando vieron que Ipuwala estaba como si nada, completamente entero. Este hecho sin explicación hizo que el dios montara en cólera. Otra vez continuaron con la tala. Al llegar la noche el árbol estaba talado hasta la mitad. En esta ocasión no regresaron a sus casas, sino que se quedaron a ver qué sucedía, escondidos entre las malezas. Entonces, de entre las sombras aparecieron, de cada uno de los puntos cardinales: Olo No, el Sapo de Brillantes Ojos; Olo Nia, el Diablo Dorado; la Serpiente de Mirada Dorada, Olo Naipe; y Olo Achu, el Perro de Oro. Todos ellos pusieron sus lenguas en el corte que presentaba el árbol, y en seguida se cauterizó. Pero entonces el flechador Puksu los mató con sus terribles flechas. Inmediatamente, y a pesar de la noche, el dios y los animales continuaron con su tala. Cada pedazo de árbol que caía se convertía en zorros, cangrejos y otros animales más. El día llegó, pero a pesar de que habían logrado talar completamente el árbol, éste no se caía, por más que lo meneaban. Con el movimiento sus ramas se enredaron en las nubes. El dios llamó a una ardilla para que las desenredara. La ardilla se llevó entre los dientes un machete y subió por el árbol, pero se cayó y se cortó la espalda: es el conejo que se conoce como esttinkana, que quiere decir “cortado con machete”. Entonces, el dios mandó al mono, pero no pudo desenredar las ramas ni bajar y se puso a llorar. Ahora se le conoce con el nombre de mono aullador. Desesperado, el dios llamó a la ardilla macho más pequeña para que subiera, pero ésta no quiso ir porque adujo que era casada. Para comprarla, el dios le prometió que le daría otra mujer que era la hija de Mastalipe. La ardilla le dijo al dios que antes era preciso que se acostara con ella, por lo que Ipelele tuvo que esperar dos días. Le dio un hacha de oro y le prometió que le regalaría un traje dorado cuando terminara con lo estipulado. La ardilla emprendió el trabajo; de repente se escuchó un estruendo: el árbol había caído. Entonces nacieron los mares, las quebradas y los ríos. La ardilla desapareció para siempre y no sé supo qué fue de ella.

El acontecimiento fue celebrado con una gran fiesta, en la cual los animales se emborracharon. Enojado ante tal borrachera, Ipelele Opa los castigó y les quitó sus rasgos humanos, los arrojó a la selva y los condenó a andar en cuatro patas. El dios se fue al Cielo, desde donde envió a la Tierra a Ipelele Sipukua y a su esposa. Cuando llegaron se quedaron en la cima de la montaña Takarkuna, que es la cuna de los kunas, Después, tuvieron hijos y sobrinos. Uno de ellos fue Ipelele Okkelele, que tuvo otros hijos y sobrinos como Ipelele Kakkatottokun, quien también tuvo hijos y sobrinos, y así de generación en generación hasta que nacieron todos los dules.

la Tierra creada por  Ipelele Opa tiene forma de totuma (vasija de fruto); el Cielo, que está arriba de la Tierra, es el lugar adonde van las personas cuando mueren para vivir en paz e igualdad por toda la eternidad; ahí vive el Sol, junto con algunos animales. Este dios. Ipelele Opa, puede ser visto cuando las personas están muertas. En la Tierra dejó algunos ángeles para que  cuiden a la gente.

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