El Tatuaje Corporal y Facial. Segunda Parte

Los maoríes de Nueva Zelandia y el Ta Moko. Los antiguos pobladores de Nueva Zelanda fueron los primeros polinesios en emplear el tatuaje con fines de identificación. Gustaban de tatuarse el cuerpo en su totalidad con diseños que han sido considerados como de los más bellos y artísticos en su género, caracterizados por figuras geométricas de diversa índole. Ahí nació el estilo Moko Maorí, que identificaba la pertenecía de un individuo a un grupo tribal, y su estatus dentro de él. La práctica del tatuaje se iniciaba a los ocho años de edad, al llegar a la edad adulta el cuerpo se encontraba tatuado de la cabeza a los pies. Con los tatuajes en forma de espiral se conseguía atrapara la energía cósmica. Además los tatuajes eran amuletos protectores a la hora de morir, ya que si un maorí moría sin tenerlos, la hechicera se comería sus ojos y el alma quedaría ciega, y nunca encontraría el camino hacia la eternidad. Con el fin de evitar esta tragedia el cadáver del difunto se tatuaba. Los guerreros empleaban los tatuajes para contar su historia de vida, pues cada signo dibujado en el rostro o el cuerpo, representaba un hecho significativo en su vida.

Actualmente, el tatuaje es empleado por los hombres en la cara y en la parte comprendida entre la cintura y las rodillas; las mujeres se tatúan alrededor de la boca y la barbilla. Los moko faciales de los hombres consisten en líneas que van de la nariz al mentón y de las cejas hacia las orejas. También utilizan diseños faciales consistentes en espirales y líneas curvas. Los diseños son exclusivos y personales, son su marca de identidad exclusiva de cada maorí. Eran tan exclusivos que antaño les servían de firma a las personas. Se dice que su origen es mitológico, porque les fue entregado a los maoríes por la diosa del nacimiento.

Antiguamente, el especialista del moko, tohunga-ta-moko, utilizaba cinceles que se obtenían de los huesos del albatros. Los pigmentos se hacían de awetho, oruga, y el color negro se obtenía por medio de la quema de maderas. Las cenizas así obtenidas se mezclaban con resina de kauri. Las pinturas se guardaban en unos recipientes llamados oko. Hoy en día, se emplean en la elaboración de los tatuajes instrumentos y pigmentos modernos. Existen alrededor de veinticuatro patrones de líneas moko, llamadas: tonokai, titi, tiwhana, pukaru, rewha, ngu, whakatara, pongiangis, rerepehi, kauae, etcétera.

La isla de Pascua. La Isla de Pascua, o Isla de la Resurrección como también se llama,  pertenece a Chile y se encuentra ubicada en la Polinesia, en el Océano Pacífico. Dicha isla se denomina Rapa Nui, que significa Isla Grande; entre los indígenas la llaman  Te Pito o Te Henua, que quiere decir “el Ombligo del Mundo” o “Ojos que miran al Cielo”. Actualmente, existen alrededor de 2,500 hablantes de rapa nui, la más oriental de las lenguas polinesias, perteneciente al Sub-grupo Oceánico y a la Familia Austronesiana.

Los antiguos rapa nui, habitantes de la Isla de Pascua, se tatuaban a

sus dioses principales Tiki, Dios de los grandes Ojos; y Make, Creador del Mundo, en el cuerpo y en la cara.  También gustaban de dibujarse animales, tales como el tangata manu, hombre pájaro; el ika; y el pez,  mokomiro, los cuales casi siempre se colocaba en el pecho de los hombres; y herramientas de trabajo, como por ejemplo hachas.

James Cook, explorador y cartógrafo inglés, nos ofrece en su libro Los viajes del Capitán Cook un testimonio del tatuaje entre los rapa nui de finales del siglo XVIII:

un hombre de mediana edad, tatuado de pies a cabeza, con la cara pintada con una especie de pigmento blanco, apareció con una lanza en su mano y caminando al lado de ellos, instaba a los suyos a mantener distancia y a no molestar a nuestra gente (…) Era fuerte, bien hecho y de aspecto fino; su cara estaba pintada y su cuerpo completamente tatuado… Agrega que los colores más utilizados por los hombres y las mujeres eran el rojo y el blanco.

Más adelante, ya en pleno siglo XIX, sabemos que las mujeres empleaban el color rojo en sus tatuajes y los hombres muchos más variados colores. Para tatuar se empleaba una especie de peine o espinas de pescado amarradas a un mango de madera, el cual se  golpeaba sobre la piel, para que se  impregnara de tinta. . A las agujas de hueso se las llamaba uhi; medían de 3 a 7 centímetros de largo, y 4 milímetros de ancho; uno de sus extremos se afilaba finamente con un cortador de obsidiana. El pigmento se  obtenía de una planta llamada ti  a la que se machacaba y se le agregaba  jugo de poroto. Todo el cuerpo de hombres y mujeres se tatuaba con diseños consistentes en líneas rectas, ovaladas y oblicuas, las cuales podían ser gruesas o tan finas que sugerían una labor de filigrana; asimismo, se empleaban mucho los círculos. El blanco y el rojo se obtenían de productos minerales; el amarillo de la planta nombrada pua; y el negro de las cenizas de la caña de azúcar quemada. Para fabricar el pigmento negro se escarbaba un hoyo en la tierra y se ponía fuego en él; a continuación se echaban al fuego hojas de ti y de caña de azúcar, se tapaba el hoyo con una piedra de pizarra. El humo que se producía se depositaba en el interior de la tapa de piedra, se formaba un tizne que se raspaba y  guardaba en una calabaza o en un recipiente de piedra. Se agregaba jugo de caña que se obtenía masticando tallos y escupiendo sobre el tizne, hasta que se lograba un buen colorante

Los antropólogos del siglo XX nos dicen que los dibujos no sólo eran geométricos, sino que los rapa nui  se tatuaban utensilios domésticos y de trabajo tales como casas, botes, anzuelos, bastones de danza, puntas de jabalina; a más de algunos animales como  gallinas o  pájaros. A los costados del cuerpo se pintaban los diseños llamados pare-pu, los cuales consistían en cabezas. Aparte de los diseños comunes a todos, cada quien era libre de pintarse lo que quisiera. Las mujeres se tatuaban comúnmente un diseño llamado retu, consistente en dos líneas paralelas colocadas en la parte alta de la frente, con redondeles del tamaño de un capulín grande. El pangah’a eran dos fajas en forma de cuñas que se ponían en las mejillas; el rima kona abarcaba el dorso de las manos, uñas, muñecas y parte de la palma de la mano. En el pecho se solía poner la figura del ao la cual representaba una insignia de mando; o bien, un anzuelo al que llamaban mangai. En la cara predominaban las anchas líneas paralelas que la cubrían en su totalidad.

Respecto a los motivos que tuvieron los rapa nui para tatuarse no se sabe nada. Posiblemente obedezcan a la necesidad de obtener la protección y ayuda de los dioses. Las representaciones de los tatuajes que se conservan demuestran que eran tan bellos como los de los maoríes.

Los ocho años era la edad ideal para empezar a tatuarse. El artista del tatuaje empleaba un cincel de hueso que encajaba en la carne con un mazo, a fin de introducir el pigmento en la epidermis. El trabajo se llevaba a cabo poco a poco, por lo cual eran necesarias muchas sesiones que se acompañaban de mucho dolor, fiebre y malestar. Pasados un poco más de 12 años, el cuerpo se encontraba completamente tatuado.

 Los haida y los ki-da. Los haida habitan la costa oeste norteamericana, el archipiélago Haida Gwaii, en la Columbia Británica, y el sureste de Alaska. Se denominan a sí mismos xa’ida, pueblo, y hablan una lengua de la familia de las na-dené.

Los tatuajes, ki-da, utilizados por los indios haidas son muy famosos por su belleza y complicación en el diseño. Fueron uno de los pueblos que más utilizó el tatuaje como símbolo de distinción entre los diversos clanes en que estaban organizados. Los diseños están estrechamente ligados al origen mitológico de la Creación de cada clan y se empleaban también en los tótems y en diversos objetos que servían para venerar a los ancestros o para delimitar el territorio que ocupaba cada clan. El mito de origen se trasmitía por medio de la tradición oral. Los dos clanes más importantes de los haida fueron el clan del Cuervo y el del Águila, subdivididos en familias como la del Oso, el Lobo, la Comadreja, la Rana, el Tejón, el Colibrí, etcétera, a los que representaban por medio de tótems.

Cada vez que una persona se tatuaba, se la presentaba a la comunidad en la ceremonia del potlach, festividad que tiene como objeto honrar a los muertos y sus hazañas, y dar prestigio a los vivos ante los miembros de su propia comunidad. El potlach puede durar de cuatro a ocho días, al final de los cuales se da inicio a la ceremonia de perforar las orejas y tatuar el cuerpo de los niños. El último potlach en que se realizaron tatuajes tuvo lugar en el invierno de 1900 en la aldea de Skidate, situada en las Islas Reina Carlota, Columbia Británica.

Los hombres se tatuaban en los hombros, el pecho, los muslos, las piernas y algunas veces la espalda. Las mujeres se tatuaban el pecho, los hombros, los antebrazos, y las piernas; aquéllas que habitaban la costa noroeste, acostumbraban tatuarse también las manos y la cara con puntos y líneas rectas que no tenían ningún significado. En cambio los tatuajes que se colocaban en las manos y los brazos de las mujeres indicaban el origen de su nombre de familia, su linaje,  independientemente del clan al que pertenecieran: Oso, Cástor, Lobo, u otros.

Los instrumentos empleados consistían en agujas atadas a un mango  de palo, de marfil o de hueso,  al que se ataban cinco o seis agujas con las que se pinchaba la piel. En un recipiente de piedra se colocaba una mezcla de magnetita que proporcionaba el color negro, y una de hematita, que da el color rojo. Para aplicar los pigmentos se empleaban pinceles de madera de cedro con el tipo de agujas que se requería a fin de dibujar, sombrear o rellenar el dibujo; las agujas estaban hechas de marfil, hueso, púas o espinas de determinados  peces. Como el procedimiento era doloroso, se le daba al que se tatuaba una bebida analgésica para mitigar el dolor.

 

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