El nacimiento de los Hijos del Viento. Mito Dessana (Wira-Poná)

 Los indios dessanas viven en las selvas amazónicas. Ellos se autodenominan wirá, que significa “viento”; así, wirá-poná, sería “los hijos del viento”. Habitan Brasil, al este del Amazonas, y Colombia. En Brasil existen 960 hablantes y en territorio colombiano 2,136. El idioma dessana pertenece a la Familia Tucana.

En el principio de los tiempos, no había nada y la oscuridad lo cubría todo. Entonces, una mujer llamada Yebá Bëló, Tatarabuela del Universo, brotó de la nada y se hizo a sí misma a partir de seis cosas preexistentes, que no se podían ver porque eran invisibles. Estas cosas eran los sekali, bancos; los salipus, soportes de cazuelas; los kuasulu pu, cuencos; los kuasulus verás,  calabazas de ipadú, “coca”; los dëhkë iuhku verá pogá kuá, brotes de mandioca; los ipadú, tapioca, cuencos; y los muhlun iuhku, cigarros, tabaco.

Un día la diosa estaba en su casa de cuarzo, en la Etan Bë Tali Bu, masticando coca y fumando un cigarro, cuando pensó que debería hacer el mundo. En ese momento su pensamiento fue tomando la figura de una esfera con una torre encima. Era como una gota-burbuja. Cuando se levantó la esfera incorporó a toda  la oscuridad, de tal manera que la oscuridad era todo el universo y el universo era la gota-burbuja. Pero no existía la luz, a no ser  la que emanaba de la mujer que era  blanca a causa del cuarzo. A la esfera la llamó Emékho-Patolë, Universo Barriga. Y decidió poblarla. Volvió a masticar coca y a fumar un cigarro; entonces, se sacó la coca de la boca, el invisible ipadu, y con ella hizo a los  Hombres-Cuarzo-Trueno. Le dio a cada uno una parte de la esfera y el encargo de hacer la luz, los ríos y los hombres. La casa del primer Trueno estaba en el sur; la del segundo en el oeste, en la cascada Tunnuí del río Içana; la del tercero en el este, lugar donde estaban las riquezas, los ornamentos mágicos de danza necesarios para formar a la futura humanidad; y por último la casa del cuarto Trueno estaba en el norte, en el río Apaporis.

Pero los Hombres Cuarzo Trueno no cumplieron con lo pedido. Entonces, Yebá Bëló volvió a masticar ipadú y a fumar. Del humo del cigarro nació un ser invisible, que no se podía  tocar. La diosa lo envolvió en el weré imika’lu, como envuelven las mujeres a sus criaturas cuando dan a luz, y le puso como primer nombre Eméko Sulan Panlamin, “universo-palabra-ceremonial-biznieto”; y como segundo nombre, el de Yebá Ngaman, Creador de la Tierra. A este dios, le mandó que llevara a cabo lo que los Hombres-Cuarzo-Trueno no habían podido realizar. En el lugar de cuarzo donde  apareció Eméko, Yebá levantó su mágica maraca-bastón y la dirigió hasta la Torre del Gran Murciélago, la Emësin Doló, que era donde terminaba el universo. El bastón tenía adornos masculinos y femeninos, como plumas rojas de tucán y amarillas de yapú, muy luminosas y brillantes; aretes para hombre y mujer llamados  semeka mihi eman mihi, y abé pon mihi nomean mihi. El súper adornado bastón fue colocado en la Torre del Murciélago, y la punta del mismo se convirtió en una cara humana que  esparció la luz en el mundo. Acababa de nacer el Sol al que la diosa cubrió con una corona hecha de plumas de guacamaya. El Sol se llamó Mahá Weá Iëhsë. De su seno izquierdo, la diosa tomó unas semillas de tabaco y las arrojó: así se formó la Tierra. Del seno derecho tomó leche y la esparció, y así se formó el fértil abono para la Tierra.

La esfera se dividió en cuatro capas de cuarzo: en la primera está el cuarto de la Abuela Universo. Encima, hay otra capa amarilla de la que se desconoce lo que alberga. La tercera capa es la Tierra; y la cuarta el Cielo, donde vive el Sol. Encima del firmamento está la casa de Emëkho Ñehkó, Tercer Cuarzo Trueno, quien por cierto estaba muy envidioso de todo lo que había hecho la Creadora. Él era el encargado de guardar los adornos de plumas. La diosa Yebá Bëló le ordenó a Eméko Sulan que subiese hasta la casa de Tercer Cuarzo Trueno y le pidiera le diese los adornos que le servirían para formar a los hombres. Cuando llegó a la casa, tocó y le abrió la puerta su hermano que se llamaba Emëkho Mahsan Boleka, Universo Persona Pez Uarucú, que era jefe. Tercer Cuarzo Trueno recibió al visitante, se apretó la barriga y le salieron por la boca muchos adornos de plumas, collares de cuarzo, de dientes de jaguar, pectorales e instrumentos musicales. Cuando arrojó todo lo que llevaba en el estómago, el Creador le indicó los ritos que debía efectuar para que las joyas y los adornos se volvieran personas. Así se fue llenando la casa de Tercer Cuarzo Trueno de parejas humanas. Todas debían dar una vuelta a la casa y volver a transformarse en adornos. Entonces, Tercer Cuarzo Trueno les dijo que dieran la otra última vuelta  porque iban a  formar la humanidad.

Tercer Cuarzo Trueno y los dos hermanos Eméko  bajaron a la Tierra. Al llegar al mar, Tercer Cuarzo Trueno se transformó en Anaconda Canoa, Pahmulin Gahsilu, a la que guiaban los  hermanos, y en la que subieron por el río Amazonas. Por todo el camino fueron construyendo malocas (casas comunitarias del Amazonas) y convirtiendo los adornos en personas. Formaron cincuenta y seis malocas. En la número treinta, Diá Baiá Bë Wi (la gran malocas), llevaron a cabo un ritual: El Tercer Cuarzo Trueno les recomendó a Eméko Sulan y a Eméko Mahsan que cogiesen una hoja de coca de la planta que había en el patio. Cuando sintieran dolor de barriga deberían encender el turi (madera para hacer fuego) hervirla y tomar el agua de coca. En seguida, vomitarían en un solo remolino del río. Así lo hicieron los dos héroes hermanos y de su vómito aparecieron dos mujeres muy bonitas. Eméko Sulán le dijo a su hermano Eméko Mahsán que las sacara del agua. Su vómito fue como un parto que creó a las primeras mujeres.

Sacó a las féminas al tiempo que decía: -“Mis hijas”. Los dos dioses se llevaron a la casa del Tercer Cuarzo Trueno a las muchachas, para verificar que supieran hacer bien las labores domésticas. Los hermanos estaban decididos a formar la futura humanidad. Ya en la casa una de ellas fumó tabaco y la otra masticó coca. La primera miró al Sol y quedó preñada; dio a luz a Gahpi Mahsan, Yagé-Niño. La segunda parió a los guacamayos, los japus y otras aves de plumas de colores, para que los hombres pudieran hacer sus adornos. El Niño-Yagé nació el mismo día en que el Creador repartió los idiomas entre las tribus.

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