El Dios Nilataj crea la Tierra. Mito Mataco, Wichi

El grupo indígena mataco que vive en Argentina, se autodenomina wichí, “espíritu pleno”; y el que habita Bolivia se llama weenhayek. Mataco es el nombre peyorativo que les dieron los quechuas, significa “armadillo”. Viven en la parte occidental del Chaco en la República de Argentina, y en una parte de Bolivia. Actualmente, habitan 36,500 en suelo argentino. Su lengua pertenece a la Familia Mataco-Mataguayo.

El Ser supremo que creó y ordenó el universo se llamó Nilataj, o Shipilaj, El Eterno Principio de la Vida Plena. El dios Nilataj primero hizo el armazón del mundo; o sea, la Tierra. Creo un espacio activo que extendieron los vientos localizados en sus cuatro orillas. En el centro hizo su hup, su casa. En seguida, creó a los hombres. Este dios creador dio a los matacos las leyes con las cuales se rigen, asi como los conocimientos necesarios para pescar y cultivar la tierra.

En ese tiempo muy muy remoto, la Tierra estaba arriba y el Cielo abajo, pero como caía mucha suciedad al Cielo, éste se quejó ante el dios, y los lugares se invirtieron. Entre ambos planos se encuentra el lugar de los vientos y las nubes. Bajo la superficie, en donde se encuentran los campos, los ríos, las lagunas y los bosques, están el Bajo Tierra y el Bajo Agua. En cada plano habitan seres. Todo está rodeado por agua y aire, y a lo lejos se encuentra el fuego.

El Dios de las Aguas, que era poderoso y sabio, estaba muy solo y creó a Tokua, quien era un semidiós muy astuto e ingenioso, a fin de que poblara la Tierra. Tokua es el héroe cultural antepasado de los indios. Este dios primordial les enseñó a comer tacsi (Carpobrotus Aequilterus), que era un alimento de muchas cualidades alimenticias como el pan, perenne y muy sabroso. Los hombres blancos descienden de un ser que se llama el Mozo, que es blanco. El héroe cultural siempre trató de proteger el territorio de los matacos del Mal, pero la hija del Diablo le enseñó a Mozo la manera de burlarse del mal y de tenerlo bajo su poder, por lo cual Tokua nunca ha podido dominarlo completamente. Tokua enseñó a los indios los rudimentos agrícolas, a pescar y a cazar. A veces Tokua es pícaro y travieso; otras, malvado. Carece de forma física determinada, porque algunas ocasiones adopta la forma humana y, en otras, la de algún  animal. Le gusta forzar sexualmente a las jóvenes vírgenes con su sexo que es terriblemente grande y que varía según las necesidades.

En esa lejana época, hubo un Gran Árbol que unía los diversos mundos. La copa del árbol abundaba en comida, y de ahí los hombres conseguían sus alimentos, con tan solo subir por las ramas por sus ramas. Un día, los ancianos se quejaron de que los hombres jóvenes, que podían subir y bajar del árbol con facilidad, no cumplían con su obligación de  proporcionarles comida a los ancianos. Ante la queja justificada, llegó el Gran Fuego y quemó todo. El joven Luna fue destruido, eclipsado, por el jaguar celeste, el Sol; sus pedazos cayeron en la Tierra y la quemaron, El Gran Árbol también se quemó, y sucedió que muchas personas se quedaron en el mundo de arriba. Estos son los abuelos, los dapitchi, que son en realidad los antepasados que se convirtieron en estrellas y constelaciones que cazan por la Vía Láctea. Sólo se salvaron unos cuantos hombres honestos porque se metieron debajo de la Tierra. Ya no había Árbol y todo se tenía que conseguir en la Tierra con mucho trabajo.

En esta etapa de la creación solamente existían los machos, pertenecían a la Tierra, pues de ella surgieron a través del agujero del escarabajo, por órdenes del Dios Creador. Para tener hijos, también machos, eyaculaban en un guaje de calabaza. Un día se dieron cuenta de que alguien les estaba robando los productos de la caza y de la pesca, por lo que pusieron a un loro y a un ratón de campo a vigilar. Pero no se dieron cuenta de nada. Entonces, el halcón Carancho, les dijo que unos seres extraños tejían una cuerda con fibras vegetales y se iban hacia el Cielo llevándose lo robado. Con flechas lanzadas por los hombres y con los picotazos de Carancho, algunos de estos seres cayeron en la tierra incrustándose en ella. Un armadillo llamado Tatú, los sacó escarbando con sus uñas. Los seres tenían dos bocas: una en la cara, y otra a la mitad del cuerpo, con ambas se comían lo robado. El Zorro quiso copular con uno de estos seres y perdió su miembro, el cual se convirtió en un huesito. Los seres extraños se acercaron al fuego porque tenían frío, el Aguilucho les aventó piedritas cuando abrieron las piernas, que les cayeron en la boca de la mitad del cuerpo. A causa de las piedritas perdieron los dientes, menos uno que en realidad no era un diente, sino un clítoris, pues los seres extraños eran mujeres.  Desde entonces nacen críos de los hombres y las mujeres. Así pues, el origen de las mujeres es celeste y poseen parte de ese poder que no han perdido. En cambio, los hombres poseen el poder que les otorga la Tierra, ya que de ella provienen.

Con el paso del tiempo, el mundo terrenal se empezó a corromper. El Arco Iris se enojó porque las mujeres menstruantes no actuaron tradicionalmente, como las normas de Tokua lo dictaban. Debido a ello dio inicio la Gran Agua, la inundación, que acabó con todo. Hubo que comenzar de nuevo. Paloma, al picar una semilla hizo surgir al Algarrobo que parió hizo  a los nuevos seres humanos y a la naturaleza. Sin embargo, volvieron la corrupción y la desobediencia, la trasgresión de las normas; los hombres y las mujeres tomaron la mala costumbre de devorar a sus hijos. Entonces, volvió a producirse un cataclismo.

Un día Sol, que es sobrina de la Luna (vieja y gorda en verano y delgada y joven en invierno) se quedó inmóvil y se negó a seguir su camino. Por lo cual todo se congeló y se llenó de hielo: es la llamada Gran Noche. Todo desapareció. Un muchacho soñó con el Día. Empezó a cantar y a tocar sus sonajas, lo cual propició que el Sol decidiera volver a moverse, y la vida recomenzara. Esta etapa de la humanidad es la de los wichis, los tobas, los pilagá, los mocbi y la de los europeos.

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