“Pueblo trenero hijo de la fregada”

La comunicación por carretera pavimentada entre los pueblos del norte del Estado de Sonora fue prácticamente inexistente hasta finales del siglo XX. Una vía de ferrocarril conectaba la pequeña ciudad fronteriza de Agua Prieta con Nacozari, que tuvo su esplendor económico durante la primera mitad del siglo XX gracias a la explotación de las minas de cobre en Pilares, Pilares de Nacozari, y su decaída cuando las cerraron. Paró Pilares, decía la gente al referirse a cualquier acontecimiento lamentable e irreparable. La comunicación de Nacozari con Agua Prieta era por medio de una brecha de terracería transitable sólo para los audaces y la vía de tren. Douglas Arizona, pegada a Agua Prieta por una cerca de alambre, tenía aeropuerto y carretera pavimentada que la unía con el resto de Estados Unidos. Así que, de hecho, Nacozari se comunicaba con el resto del mundo a través del ferrocarril con Agua Prieta. El tren llegaba una vez cada quince días, y no siempre, por lo que era el   acontecimiento ya que traía el correo, los encargos hechos al mundo exterior o algún familiar o amigo.

Este aislamiento permitió el desarrollo local de chistes, chascarrillos o charras como les llaman en la región a este tipo de narraciones. Una de ellas cuenta la historia del candidato del partido político que reunió en la plaza de Nacozari, y en la forma acostumbrada con el soborno de torta y refresco, a un buen número de personas. Empezaba su discurso con las manidas frases de: pueblo trabajador, pueblo heroico de Nacozari, pueblo que lucha por las causas… No terminaba la frase cuando se escuchó el pitido de la máquina en la estación ferroviaria. Toda la gente salió corriendo hacia la estación, pues de mayor interés era la llegada del tren que la demagogia del candidato. Éste terminó su discurso diciendo: pueblo trenero hijo de la fregada.

En Nacozari Sonora cada 7 de Noviembre se conmemora la hazaña de Jesús García, quien, el 7 de noviembre de 1907, alejó un tren en llamas y cargado de dinamita hasta las afueras del pueblo donde explotó con todo y Jesús García. Ceremonia oficial y verbena popular cada aniversario. Regresan para la fiesta muchos de los que cambiaron de domicilio en busca de mejor porvenir. El año de 1970, como cada año, el Ayuntamiento invitó al presidente de la República a la ceremonia; él envió, como su representante, al Secretario de Comunicaciones y Transportes. En la Plaza de Armas, para los invitados de categoría nos pusieron algunas sillas rodeadas de un cordón para que el populacho no las ocupara (hay unos más iguales que otros). El señor Secretario iniciaba su discurso mencionando por nombre y cargo a las principales autoridades del Estado de Sonora y del Municipio de Nacozari, cuando pitó el tren. Todo el populacho salió corriendo hacia la estación abandonando al orador. Los únicos que nos quedamos sentados fuimos los invitados de categoría, porque el cordón que rodeaba las sillas hizo difícil nuestra salida, y, además no esperábamos ni familiares ni encargos del mundo exterior.

El señor Secretario se repuso en unos segundos de la sorpresa y continuó su discurso, tal vez al sentirse apoyado por los que nos quedamos sentados, y pensando en el título de este texto.

Fotografía de Eduardo Aguilera S.

Leave a Comment