Netzahualcóyotl

El Coyote que Ayuna nació el 28 de abril del año 1402, fue tlatoani de Tetzcuco, la cabecera del señorío nahuatlaca y parte de la Triple Alianza junto con Mexico-Tenochtitlan y Tlacopan. Natzahualcóyotl, sabio poeta al que también le gustaba la arquitectura y no tenía empacho en participar en las batallas, nació de Ixtlilxóchitl, Flor Negra, a quien correspondió ser el sexto señor de los chichimecas; su madre llamada Matlalcihuatzin, hija de Huitzilíhuitl, segundo tlatoani de Tenochtitlan, era bella como una flor de marzo.

Acolmiztli, como llamaban a Netzahualcóyotl en sus primeros años de vida, después de derrotar a Tezozómoc, el asesino de su padre, y retomar el poder de la ocupada Texcoco, y después de pasar por muchas dificultades y problemas con los señores de Tenochtitlan, asumió el cargo de tlatoani de Texcoco, venció a los tepanecas y gobernó sabiamente.

Netzalhualcóyotl se destacó por su buen gobierno. Edificó en su ciudad acueductos, presas, casas señoriales para sus señores de la corte, calzadas, jardines y templos entre los destacan los dedicados a Huitzilopochtli, el máximo dios, y a Tláloc, el dios de la lluvia. Asimismo, embelleció y enriqueció los bosques de Tezcutzingo y de Chapultepec, donde construyó un zoológico y un jardín botánico, y el maravilloso acueducto del Bosque de Chapultepec que abastecía de agua potable a Tenochtitlan.

Su corte fue un sitio de reunión de poetas y sabios, adoradores de Tloque Nahuaque, Señor de lo Cercano y de lo Lejano, dios ordenador de todas las cosas y creador de la primera pareja humana.

Sin lugar a dudas, Netzahualcóyotl ha llegado a nosotros más que por sus obras arquitectónicas por sus extraordinarios poemas; desgraciadamente, de ellos tan solo treinta y cuatro han resistido el paso del tiempo que todo lo pierde o lo destruye. Leamos unos cuantos ejemplos de la extraordinaria sensibilidad del llamado Rey Poeta.

 “No acabaran mis flores
No acabarán mis flores,

No cesarán mis cantos.

Yo cantor los elevo,

Se reparten, se esparcen.
Aun cuando las flores
Se marchitan y amarillecen,
Serán llevadas allá,
Al interior de la casa
Del ave de plumas de oro.

 “Yo lo pregunto”

Yo Netzahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso deveras se vive con raíz en la Tierra?
No para siempre en la Tierra:
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.

 “Ay, solo me debo ir”

Ay, solo me debo ir,
solamente así me iré
allá a su casa…
¿Alguien verá otra vez la desdicha?,
¿alguien ha de ver cesar
la amargura, la angustia del mundo? Solamente se viene a vivir la angustia y el dolor
de los que en el mundo viven… ¿alguien ha de ver cesar
la amargura, la angustia del mundo?

 “En el interior del Cielo”

Sólo allá en el interior del cielo
tú inventas tu palabra,
dador de la vida.
¿Qué determinarás?
¿Tendrás fastidio aquí?
¿Ocultarás tu fama y tu gloria en la tierra?
¿Qué determinarás?

Nadie puede ser amigo
del dador de la vida.
Amigos, águilas, tigres,
¿a dónde en verdad iremos?

Mal hacemos las cosas, oh amigo.
Por ello no así te aflijas,
eso nos enferma, nos causa la muerte.
Esforzaos, todos tendremos que ir
a la región del misterio.

 

 

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