Los Graniceros: Los Hacedores de la Lluvia

¿Quiénes son los graniceros? Los graniceros son curanderos y adivinos que tienen la capacidad de controlar los fenómenos meteorológicos, tales como la lluvia y el granizo. Habitan sobre todo en algunas de las comunidades del Estado de México, Morelos, Puebla y Tlaxcala. Se trata de personajes muy especiales que han sido “tocados por un rayo”, y por tanto elegidos como intermediarios entre el Cielo (Dios) y la Tierra (los hombres). Son personajes de mucha importancia en sus comunidades, puesto que su actividad es de suma trascendencia para la agricultura y la supervivencia del grupo.

La iniciación. Los graniceros se inician de diferentes maneras. Por ejemplo, los “rayados” de Morelos primero fueron tocados por un rayo hembra que les dio muerte, y luego por un rayo macho que les volvió a la vida ya con sus poderes especiales. En cambio, los “cuarteados”, menos importantes que los primeros,  fueron tocados por un rayo y quedaron inconscientes, para después adquirir las capacidades para relacionarse con los Señores del Temporal quienes les indican que han sido elegidos. Existen otras formas de iniciación; por ejemplo, existen graniceros que se han iniciado a través de sueños en los cuales se les revela su oficio; en otros casos, cuando una persona está muy enferma y se cura al cabo de un tiempo, tiene la certeza de haber sido elegida.

Una vez seleccionados, los graniceros no pueden escapar a su destino, en caso de oposición, padecerán de muchos infortunios, les caerán muchos rayos, o se convertirán en espíritus que llegaran al Cielos curar enfermos. Los graniceros durante su iniciación son ayudados por otros graniceros experimentados. La iniciación termina con una ceremonia llamada “coronación” mediante la cual se  relacionan con entidades protectoras, que les otorgan las capacidades para controlar el tiempo. Para esta ceremonia, el elegido debe ofrendar a los Trabajadores del Tiempo con comida y bebida; debe regalarles con mole, pan, galletas, tamales y bebidas alcohólicas, pulque, cigarrillos y puros. Durante la ceremonia deben  estar alumbradas muchas velas; las cuales son de mucha importancia ya que el color de la flama y su potencia determina el grado de capacidad que le ha sido otorgado. Si por casualidad algunas velas llegasen a apagarse de pronto, es señal de que el candidato no es aceptado por los seres espirituales, por los Trabajadores del Tiempo.

Otra forma de ceremonia culminatoria consiste en que el candidato a granicero ingiera alguna droga psicotrópica para dormirse, y así recibir el don para el que fue rayado. Si la elegida es una mujer, deberá encargarse, además, de las funciones de partera y curandera de la comunidad a la que pertenece.

Los graniceros y sus funciones. Como los graniceros son también curanderos, recurren a las limpias, ochpantli,  para sanar a sus pacientes. A través de ellas pueden diagnosticar y decidir que medicina deben recetar al enfermo. Asimismo, el diagnóstico se puede llevar a cabo por medio de los sueños, por el pulso del solicitante, o por medio de los alucinógenos. Las enfermedades que más atienden los graniceros son los aires de viento, los aires de granizo, y los aires de rayo, enfermedades que se curan por medio de las mencionadas limpias, ofrendas y rezos que se les dedican a los fenómenos naturales que las ocasionaron: el viento, el granizo y el rayo. Aunque hay que aclarar que no son las únicas enfermedades que curan estos extraordinarios personajes.

La antigüedad de los graniceros. Estos magos existían ya desde la época prehispánica. Dentro de la cosmovisión mexica habían sido elegidos por el dios del agua Tláloc; eran sacerdotes mediadores entre el dios y los hombres, y se encargaban de controlar los fenómenos meteorológicos. Recibían el nombre de Teziuhtlazque; asimismo, predecían cuándo las lluvias serían buenas o dañinas para las cosechas. Los sacerdotes graniceros gozaban del respeto de la comunidad, y además eran duchos en la lectura de los códices y los calendarios con que medían el tiempo los mexicas. Iban vestidos con los atuendos de Tláloc: pintura facial, pintura corporal negra, taparrabos, manto, en una mano llevaban un escudo y en la otra un báculo de junco en forma de serpiente; los pies adornados con sonajas y cascabeles, y calzados con sandalias de lo más fino, y máscara con ojos grandes y redondos. Para llevar a cabo sus rituales, empleaban sahumadores con incienso de copal y una olla que semejaba la cabeza de Tláloc. Estos sacerdote nunca salían del templo, debían observar una absoluta castidad, y guardar los ayunos a los que estaban obligados. Sus actividades consistían en provocar la lluvia, quitar el granizo y convertirse en animal, pues también poseía facultades de ser nahuales. Todos ellos habían nacido en el signo Ce Quiahuitl, Uno Lluvia, y poseían la gran capacidad de ir al Tlalocan a voluntad. Asimismo, se le debían dedicar sacrificios de sangre y les era permitido castigar a los que no cumplían con su deber.

Fray Bernardino de Sahagún en su Calepino constata: Las nubes espesas, cuando se veían encima de las sierras, decían que ya venían los Tlaloque… que era señal de granizos, los cuales venían a destruir las sementeras… Y para que no viniese el dicho daño en los maizales, andaban unos hechiceros que llamaban teciuhtlazque, que es casi estorbadores de granizos; los cuales decían que sabían cierta arte o encantamiento para quitar los granizos, o que no empiecen los maizales, y para enviarlos a las partes desierta, y no sembradas, ni cultivadas, o a los lugares donde no hay sementeras ningunas.

Jacinto de la Serna, famoso cronista, recopiló un rezo que efectuaban los graniceros en el siglo XVII, en algunos pueblos de Morelos. Decía: A vosotros los Señores Ahuaque, y Tlaloque, que quiere decir: “Truenos y Relámpagos: ya comienzo a desterraros, para que os apartéis vnos á vna parte, y otros á otra” Y esto decían santiguándose, y soplando con la voca, y haciendo bueltas con la cabeza de Norte á Sur, para que con la violencia del soplo, que daban, se esparciesen.

Los graniceros y su localización. Los graniceros que actualmente existen se sitúan en el eje volcánico Iztaccíhuatl-Popocatépetl a los que se conoce como aureros, quialpequi, teotazqui o trabajadores temporaleros, según la clasificación de Guillermo Bonfil Batalla. Todos ellos elegidos por el rayo, cuyo diagnóstico se lleva a cabo por medio de una limpia con huevo o con la ingesta de hongos alucinógenos, y la curación suele hacerse con ofrendas curativas. Asimismo curan y piden la lluvia invocando a los espíritus de los muertos.

Existen también graniceros en Tlaxcala, llamados temperos, los cuales se considera que nacen con los poderes necesarios, cuya capacidad se realiza por medio de los sueños, en los que aparece La Malinche para indicarles los procedimientos adecuados para curar y propiciar o detener las lluvias. El oficio se pasa de padres a hijos. Anteriormente, los tezitlatl rezaban dirigidos por La Malinche, la cual contaba con ciertos ayudantes que tenían el cuerpo de una víbora y la cabeza de humano. Consideraban que los granizos eran chivos que se comían los cultivos y robaban el maíz que ocultaban en el volcán.

Otros graniceros que se encuentran en la zona de Morelos, se les llama quiohtlasqueh, “pedidores de agua”. Ellos emplean, o empleaban, hongos de agua para predecir qué pasará con las cosechas, y para efectuar la petición de la lluvia a los llamados aires-niños de colores. Estos graniceros poseen muchas capacidades curativas, ya que pueden retornar la sombra robada por los aires de temporada, o por los rayos y las centellas. Asimismo, pueden comunicarse con los aires de los manantiales que son duendes y enanitos, unos machos y otros hembras, llamados ahuaques, que atacan a las personas a las once del día. Aclaremos que los nombres de los graniceros, los entes sobrenaturales del agua y del rayo, y los procesos de diagnóstico y curación, varían conforme al pueblo de que se trate.

En la zona del Cofre de Perote, en Veracruz, los espíritus tlamatines, son duendes que viven en encantos de oro y plata, así como en pueblos que dirigen doña Juanita Cuauxibantzin y don Juan, y en las cuevas que se localizan en Cofre de Perote. Los tlamatines se encargan de abrir cuatro barriles que contienen nubes, rayos, hielo y granizo. Son muy traviesos e incluso gustan de dañar a las personas robándose con el rayo  cosas y personas, matando y ocasionando tempestades que acaban con las milpas. Los graniceros se mantienen en contacto con ellos para curar a las personas y para procurar la lluvia o alejar el granizo. Es necesario tenerlos contentos por medio de ofrendas y rezos.

Finalmente, en el Estado de México, están los curanderos de aires de cueva, aires que originan los espíritus del agua llamados ahuatoton que viven en cerros.  Poseen barriles donde guardan los meteoros. Estos entes tienen por jefa a una culebra de agua, la Yeyecacóatl, que les indica cuál de los barriles deben de abrir en un momento dado.  Los ahuatoton tienen la apariencia de charros o indígenas, forman familias, y sus ovejas son los granizos, a los cuales deben cuidar, porque si no lo hacen acaban con el maíz. Ellos se encargan de provocar la lluvia cada año,  sus sirvientes son personas que matan con rayos. Los graniceros siempre deben de estar en contacto con ellos por medio de rezos y ofrendas, si se quiere impedir sus tropelías con el agua.

Un granicero de los volcanes habla: En una entrevista realizada por Heber Trujillo, en la revista Ven América, un granicero nos cuenta: Precisamente los tlautlasquis somos para hacer el bien, trabajamos ‘lo blanco’. El que trabaja ‘lo negro’ no es granicero. En agradecimiento, a principios de noviembre suben a la montaña para ofrendar y realizar ceremonias en honor a los difuntos graniceros y a los espíritus de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, que son “nuestras montañas”, de las cuales “no podemos salir, aunque nos paguen para ir a realizar ceremonias a otras regiones para invocar lluvias, porque estamos destinados nada más para estos volcanes. Somos tlaloques, somos guardianes, dentro de la magia, dentro del misticismo.

 

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