Los dientes ennegrecidos II

Las Islas del Pacífico. En las variadas islas del Pacífico se encuentran los palaus, habitantes de la República de Palau; los filipinos de las islas Filipinas; los yaps, moradores de las cuatro islas que componen a Yap, uno de los Estados Confederados de la Micronesia; y los habitantes de las Islas Marianas (históricamente llamadas Islas de los Ladrones). Todos estos grupos culturales se ennegrecen los dientes casi siempre por motivos estéticos.

Así por ejemplo, en las Marianas las  mujeres chamorus, o chamorros, se pintan los dientes de rojo y negro para parecer más bellas. El pigmento lo obtienen de ciertas  hojas, también empleadas por los yaps, procedentes de un árbol llamado puteng, “árbol del veneno para la pesca” (Barringtonia Asiática). Las hojas se  cuecen, se machacan y se mezclan con barro de un determinado pantano de la región, el cual  tiene la capacidad de fijar el color. La mezcla obtenida se coloca sobre los dientes de las jóvenes, hasta que adquirieren el color negro deseado. Tal operación puede tomar hasta catorce días, tiempo en el que los dientes no deben tocar nada, por lo que la persona se alimenta por medio de un embudo para no morir de inanición. Cuando se termina el proceso de tintura, se organiza una fiesta en la que participan los familiares, amigos y vecinos. Es decir, toda la comunidad.

Sureste Asiático. Hoy en día algunos grupos étnicos del sureste asiático continúan con la costumbre de teñirse los dientes; sobre todo las mujeres viejas, aunque también las jóvenes gustan de hacerlo ocasionalmente. Así por ejemplo, en China tenemos a las etnias hmong. lahu y yao; en Laos están los hani, katu y los phu noi; y en Tailandia se tiñen los dientes los akha y los lisu.

Las mujeres del Distrito Lalong, en Sumatra, isla perteneciente a Indonesia, acostumbran pintarse los dientes con un aceite hecho de cáscara de coco hervida. En Borneo, la tercer isla mayor del mundo ubicada en el Sureste Asiático, los dayaks (oloh ngadju) utilizan una mezcla de ceniza de coco y aceites para teñirse los dientes de negro, para que no sean blancos como los dientes de los europeos y de los perros, a los cuales se considera indeseables. El proceso empiezan por limarse la mitad de los dientes; a la mitad que queda la  pintan con una laca llamada katuna, obtenida de ramas quemadas del árbol kamuning (Chalcas Paniculata). En 1865, los dayaks solían quemar una madera seca de un árbol conocido como sainka  sobre una lámina de metal humedecida con gotas de agua. La savia que salía de la madera formaba un líquido viscoso que se aplicaba en los dientes.

Los dusuns, habitantes del estado de Sabah, también en Borneo, se tiñen la dentadura con una mezcla de sulfuro de cobre y aceite de nuez de betel; o bien, con una mezcla preparada con hojas de guayaba en polvo y cenizas de la madera gombah. La mezcla se aplica sobre los dientes, y encima de ellos se colocan tiras de hojas de plátano, a manera de vendas, para que no se caiga el pigmento.  Cuarenta horas después de aplicado el emplasto, se quita y se frotan los dientes con una mezcla de cal mezclada con piel de serpiente seca y pulverizada, denominada timbshung. El ritual del teñido es sagrado, es por ello que se realiza la víspera de la fiesta denominada Menguinikan.

En la cultura vietnamita el betel y la areca han tenido un papel muy importante; las etnias que acostumbran teñirse los dientes con estas plantas son:  la dao tien,  lu,  blacks hmong y la nung. En las bodas es tradicional que el novio ofrezca a sus suegros hojas y nuez de betel, como símbolo de que se logrará un buen matrimonio. La frase chuyen trau cau,”cuestiones de betel y de nuez de areca” connota que se está hablando acerca del matrimonio.

En la mitología vietnamita existe una leyenda referente al origen del betel: Hubo una vez dos hermanos gemelos que estaban enamorados de la misma mujer. El hermano mayor, Tan, fue el afortunado que se casó con ella, como correspondía según la tradición vietnamita. Pero un mal día, la mujer, confundida con la identidad de los hermanos que eran idénticos, fue un tanto cariñosa con el hermano menor nombrado Lang. Este hecho terrible de transgresión a las costumbres sexuales, provocó graves remordimientos en Lang, quien, avergonzado, dejó la casa y se suicidó arrojándose a un río cercano. En el lugar donde murió creció un árbol que producía bellas nueces en forma de corazón: jailli. Preocupado por su hermano desaparecido, Tan, por un desdichado capricho del destino, murió también cerca del lugar donde  Lang se había suicidado. En el sitio de su muerte surgió un bloque de piedra caliza. Cuando la mujer salió de su casa se topó con los sitios donde habían muertos su esposo y su cuñado, y en seguida cayó muerta de la desesperación, para convertirse en una vid de betel que se enredó en la piedra caliza. La leyenda simboliza lo fuerte que tienen que ser los lazos del matrimonio, y nos explica porque se acostumbra masticar hojas de betel y nuez de areca durante las ceremonias nupciales.

En Vietnam el ennegrecimiento de los dientes es un proceso deliberado, aun cuando se ha dicho que es el resultado de mascar betel por gusto. La señora Nguyen Thi Pham, que habita el norte de ese país y que cuenta con 68 años de edad, nos describe el ritual del ennegrecimiento de sus dientes, cuando contaba con 17 años de edad. La encargada de efectuar el ritual fue su abuela; mientras se llevaba a cabo el procedimiento,  el resto de la familia miraba y bromeaba. Se le hicieron tres aplicaciones durante una semana, porque la saliva despintaba los pigmentos del teñido y había que renovarlo. Durante el tiempo del tratamiento le estuvo prohibido comer, y sólo podía tomar líquidos empleando un popote. Por medio de este ritual se daba a conocer que Pham estaba lista para el matrimonio. Aunque el proceso en sí no es doloroso, a muchas mujeres se les hinchan los labios y presentan quemaduras en la boca por algún tiempo. El ritual puede realizarse antes de los diez y siete años de edad, cuando ya se tienen los dientes permanentes y se han mudado los de leche; sin embargo, es preferible hacerlo pasada la menarquía.

Los ingredientes para teñir  son diversos, se utiliza el rojo sticklac, una resina que se obtiene de la secreción de un insecto que chupa la savia de un árbol del cual es parásito. Esta resina se disuelve en jugo de limón o alcohol de arroz, y se guarda en la oscuridad durante algunos días; luego, se aplica sobre el diente presionando un poco para adherir el pigmento. Se agrega una aplicación de hierro,  de cobre o de tanino, para obtener un color negro azulado y bonito, tal y como si los dientes estuvieran laqueados.

América. En 1522, don Antonio Herrera, cronista del rey de España Felipe II, constató que los hombres caribes –no las mujeres-  de Cumaná, La Tierra Donde Nace el Sol, en la actual Venezuela, acostumbraban teñirse los dientes de color negro. Al que no lo hiciera le decían, peyorativamente, que era una fémina. Empleaban para la tinción un polvo de hierba mezclado con conchas quemadas y convertidas en polvo. El teñido no se caía y se fijaba permanentemente. Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566) fraile dominico español, nos dice que los caribes de la isla La Española, para teñirse los dientes empleaban hojas de un árbol llamado hay, a las cuales masticaban. O bien, se los cubrían con chapopote, a fin de verse más fieros en las batallas.

 El betel o la tradición de masticar: paan. El betel o Areca Catecú, es una especie que pertenece a la familia Arecaceae. Se la conoce comúnmente como palma de betel. La nuez de la areca y las hojas de la planta, se mastican y se emplean mucho en el sureste asiático para ennegrecer los dientes, pues el su continuo uso acaba por ennegrecer los dientes y teñirlos permanentemente, lo cual se considera agradable a la vista.

Referencias acerca del betel aparecen ya entre los antiguos griegos y en la literatura china desde el primer siglo antes de Cristo. Su uso fue registrado por historiadores persas y ceilandeses hacia 600 d.C. Los testimonios en la cultura árabe provienen del octavo o noveno siglo. Por otra parte, se cree que fue Marco Polo quien introdujo el betel a Europa en el año de 1300 d.C.

Así pues, desde tiempos muy antiguos las hojas de betel y la nuez de areca se mastican por sus sustancias estimulantes y porque, tanto las hojas como la nuez, conllevan un carácter simbólico y ceremonial. En Sri Lanka, Nepal, Birmania, India y en otras partes de Asia, se mastican juntas con hidróxido de calcio, al conjunto se le nombra “nuez de betel”. Al catecú, se le suelen agregar algunas sustancias y especias saborizantes y odorantes. La cal permite mantener el ingrediente activo en su forma alcalina y su absorción por vía sublingual. La nuez de areca contiene un alcaloide que produce una salivación de color rojo intenso que provoca estimulación de mucha saliva en las personas que la mastican. La saliva se escupe al suelo, por lo que muchas calles asiáticas, sobre todo en Birmania, se ven manchadas de rojo oscuro. Al conjunto de la hoja y de la nuez ya preparadas, se le llama “libra de betel”. A esta costumbre de masticar la nuez de betel se la conoce con el nombre de paan, vocablo que proviene del idioma hindi pãn.

Entre los papúas de Nueva Guinea, isla ubicada al norte de Australia, el betel, buai,  se prepara con mostaza y polvo de cal Se emplea para estimular el organismo y como supresor  del hambre, para reducir el estrés y intensificar los sentidos. Todas las familias papúas poseen un terreno atrás de la casa, en donde cultivan palmas de betel. La cal se compra ya procesada de corales llamados “cuernos de ciervo”. La nuez se puede comprar  preparada en puestos de la calle como cualquier mercancía.

En Myanmar, ex Birmania, república situada en el sureste asiático, la palabra para designar al paan es kun-ya. La tradición es muy antigua y tanto los hombres como las mujeres acostumbran a masticarlo. Hasta hace poco en las casas de Birmania se tenía una caja, kun-it, en la cual se guardaba el kun-ya, para ofrecérselo a los visitantes  acompañado de té verde y puros. En la caja se guardaban las hojas de betel y otros ingredientes como las nueces, la cal, el anís y un cortador de nuez, necesarios para su preparación.

En Asia se cuenta con el paan de sabor dulce y con otro que contiene semillas de cardomomo (planta de la familia de las zingiberaceae), clavo y tabaco, nada dulce por cierto. El primero es el preferido de los jóvenes, y el segundo la por los adultos.

 

 

 

 

 

 

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