Los dientes ennegrecidos I

Observen ustedes las bocas y los dientes rojos de esa gente. Viven masticando betel, un preparado de hierbas que da a la saliva el mismo color de la sangre. Tal vez es para ellos el vicio del betel, como para nosotros el del tabaco. Pablo Neruda.

El ohaguro. No siempre los dientes blancos han sido sinónimo de belleza, algunos grupos los prefieren de color negro, no olvidemos que cada cultura posee sus propios cánones estéticos. Por ejemplo, en el antiguo Japón se apreciaban los dientes pintados de color negro. Esta costumbre recibía el nombre de ohaguro, palabra que significa “dientes negros”. El nombre ohaguro fue un vocablo aristocrático. En el Palacio Imperial de Kioto se empleaba la palabra fushimizu.

La práctica dio inicio durante el Período Nara-Jidai (710-784),  de la historia de ese país, a raíz de que a la emperatriz de la ciudad de Heijo-Kyo, capital del Japón en ese tiempo, se le ocurrió teñirse los dientes de color negro. La emperatriz se llamaba Genmei (661-721) y fue la cuarta mujer que llegó a ese cargo nobiliario. Aun cuando fue una costumbre que adoptaron sobre todo las mujeres,  también los hombres se aficionaron a teñirse los dientes, aunque en menor escala.

Sin embargo, ya desde el Período Kofun (250-538), se tienen noticias de la costumbre de teñirse los dientes, pues se han encontrado figuras de terracota en las tumbas llamadas kofún. Tales figuras, haniwa, se elaboraban con propósitos rituales y se enterraban en los kofún junto con otros objetos funerarios. Dichas figuras presentan vestigios de pintura negra en los dientes. En la Shosoin, Casa del Tesoro del templo budista Todai-Ji en la ciudad de Nara, se encuentra un documento en el que puede verse a Jianzhen, un maestro budista chino asentado en Japón con el fin de propagar el budismo, enseñando a sus alumnos el arte de teñirse los dientes. Lo anterior demuestra que el ritual es mucho más antiguo y pone en duda que fuera la emperatriz Genmei quien lo iniciara, salvo que hubiese reiniciado la moda de los dientes enengrecidos.

Según las referencias que aparecen en el Genji Monogatari, obra escrita por una mujer de la nobleza durante el Período Heian (794-1185) último período de la época clásica de la cultura japonesa, cuando  los jovencitos de 11 a 17 años de edad que pasaban de la niñez a la “edad adulta” y dejaban la pubertad, acudían al templo a fin de teñirse los dientes, en una ceremonia llamada genpuku, “colocación del sombrero”. Se empleaba para tal efecto, una mezcla de hierbas y vinagre. Entre la familia real y los aristócratas, cuando un niño terminaba con su hakamaza -ceremonia que se efectuaba cuando a un niño de la nobleza se le entregaba su hakama, pantalón largo con cinco pliegues delanteros y dos traseros usado sobre todo para cabalgar-, se le debían ennegrecer los dientes y se le pintaban las cejas, hikimayu.

En el Período Sengoku (1467-1568), los matrimonios se acordaban entre los padres de los contrayentes según conveniencia. Así, las niñas pequeñas de 8 a 10 años de edad quedaban prometidas en matrimonio, previo ennegrecimiento de los dientes.

Durante el período Edo-Jidai (1603-1868), época de estabilización política en Japón, la tradición del ohaguro tuvo por objeto distinguir a las mujeres casadas de las solteras. Solamente los hombres de la familia imperial y los pertenecientes a la aristocracia se teñían los dientes. Debido al mal olor y a lo trabajoso del proceso, y porque además envejecía a las muchachas jóvenes, el ohaguro quedó restringido a las mujeres casadas, a las solteras que hubiese pasado los 18 años, a las prostitutas ya  las geishas. Después de tal  período, poco a poco el ohaguro se fue democratizando y llegó al pueblo. Sin embargo, los campesinos sólo podían pintarse los dientes en ocasiones especiales, como durante el matsuri , “festivales”; las bodas y los funerales.

El 5 de febrero de 1870, en pleno Período Meiji (1868-1912) el gobierno japonés prohibió la práctica del ohaguro, ya que Japón entró en una etapa de modernización. Se abolió el sistema feudal y los títulos de nobleza. La práctica tradicional del ohaguro quedó restringida a las geishas y a los actores del Teatro Kabuki.

El pigmento del ohaguro. La pintura se elaboraba  con un polvo llamado fushi y un líquido, kanemizu. El polvo contenía tanino de galle de sumac  (un árbol conocido como rhus). El líquido, por cierto de muy mal olor, era color café oscuro, elaborado con fierro disuelto en ácido acético. El ácido se obtenía de la mezcla de vinagre, té y alcohol de arroz. La mezcla del polvo y del líquido provocaba un precipitado negro que daba a los dientes un aspecto esmaltado. El pigmento se aplicaba una vez al día o cuando se consideraba necesario, hasta lograr un hermoso negro laqueado, el cual no duraba mucho y era necesario repetir la operación con frecuencia. Para que durase un poco más el teñido, algunas personas se frotaban los dientes con corteza de árbol de granada.

También se solía aplicar una mezcla de nuez de galle, ácido sulfúrico y polvo de concha de ostra, aun cuando no pegaba muy bien. Otra fuente nos dice que para teñirse los dientes se empleaba una tinta obtenida de la mezcla de óxido de hierro (sulfato de hierro), sake y té, junto con polvo del fruto del aliso, fushinoki. Se tomaba un cepillo mojado en la solución y se le metía en el polvo. Se procedía a frotarse los dientes hasta que quedaban negros y lustrosos. Como dijimos, los dientes debían teñirse frecuentemente para que conservaran un hermoso negro intenso.

Los instrumentos para realizar el teñido consistían en un recipiente laqueado recubierto de hojas de oro, llamado mimidarai, sobre el que se colocaba una tablilla  angosta y rectangular, el watashigane. Encima de ella, se asentaba un pequeño cajete y una teterita que contenía el pigmento ya  preparado; a más, había pequeñas cajitas y pinceles para pintar los dientes.

 


 

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