Las causas de la caída de Tenochtitlan

Debido a las particulares circunstancias sociales y políticas por las que atravesaba el Estado mexica a principios del siglo XVI, la conquista hispana fue relativamente fácil. En principio, la personalidad un tanto timorata e indecisa de Moctezuma II frente al invasor europeo, influyó para que la lucha armada se inclinara, favorablemente, hacia el español sediento de riqueza y poder. Sin embargo, en descargo de la responsabilidad que recae en Motecuzoma, hemos de decir que aun cuando le hubiese tocado el difícil papel de gobernante a cualquier otro personaje del momento, más respetado por su pueblo y con mayor coraje y empuje, la derrota mexica tarde o temprano se hubiese consumado, pues la expansión europea hacia nuevos continentes así lo hubiese propiciado; de no ser los españoles, bien habrían podido ser los holandeses o los ingleses, por dar algunos ejemplos. Por otra parte, la superioridad de armas de los invasores quienes contaban con mosquetones, cañones y lanzavenablos, muy superiores a las macanas de mano, macuáhuitl y las flechas de los nativos, fue un factor decisivo contra el cual la oposición indígena se neutralizó y devino impotencia.

Asimismo, el hecho de que algunos soldados tuvieran caballos para desplazarse con mayor rapidez, fue para los aztecas motivo de asombro y desventaja militar, ya que no motivo de temor y de pensar, ingenuamente, que hombre y bestia constituían un solo ser, como incorrectamente nos ha dado a entender la historia. Fuera de estos aspectos tecnológicamente devastadores, la milicia azteca no era nada inferior a la de los españoles. Aunado a los factores mencionados, estaba también la existencia de la famosa Triple Alianza, integrada por Tenochtitlan, Tlacopan y Texcoco, tres naciones poco numerosas, completamente independientes entre sí, cada una con su propio gobernador, territorio, administración y leyes, que solamente se unían en ocasión de la elección de un nuevo gobernante, en cuestiones tales como concertar una guerra, o para firmar un tratado de paz, pero que no constituían un frente común sólido contra el enemigo.

Por otro lado, el dominio azteca se hacía sentir de manera prepotente sobre un conjunto de naciones grandes y chicas, algunas de ellas importantes y otras no tanto, situadas en regiones alejadas del centro hegemónico, pero todas ellas sojuzgadas por las guarniciones mexicas que, desde puntos estratégicos como Tochpan, Nautla, Cuetlaxtlan y Tuxtepec, se encargaban de mantener el orden y de cobrar los obligatorios y onerosos tributos, así como de proporcionar esclavos y fuerza humana para realizar los servicios domésticos y los trabajos que requiriera la ciudad, o tal vez para servir de carne de sacrificio religioso. En realidad, las tierras conquistadas por los mexicas eran explotadas y exprimidas al máximo, pero no realmente dominadas y colonizadas en el sentido literal del término, ya que se les permitía mantener su propio aparato gubernamental, su estructura religiosa y su lengua. Lo cual tuvo como consecuencia que no hubiese un frente sólido y común de culturas indígenas que se opusiera a los conquistadores europeos, sino por el contrario, las naciones sojuzgadas, resentidas contra sus opresores, vieron en los españoles una esperanza de ayuda que les permitiese obtener su liberación del yugo azteca. Hecho que por supuesto aconteció, pero de una manera harto desfavorable para los pueblos indígenas, quienes no lograron sino un mayor sometimiento y dolor, y el exterminio casi total de su cultura.

De todas estas condiciones altamente desfavorables para los aztecas, se percataron Hernán Cortés y sus esbirros, pero también observaron que esa desarticulación del estado hegemónico con sus sujetos estaba en vías de desaparecer, y que el ejército azteca se consolidaba cada vez más en los puntos clave del imperio, lo cual redundaría, inevitablemente, en un régimen más centralizado, poderoso y capaz de enfrentar al enemigo. Así las cosas, se hacía imprescindible que Cortés apresurase su campaña de conquista y de sometimiento de los grupos que, voluntariamente o no, se le fueron uniendo en el transcurso de sus expendiciones. Dadas las condiciones, se hacía necesaria y urgente la toma de Tenochtitlan que terminó con la irremediable caída del imperio mexica.

 

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