La polémica figura de Santa Claus

Harto polémica es la figura de Santa Claus cuya influencia en México se debe a nuestra vecindad con los Estados Unidos de Norteamérica. Antes de que el mito de Santa Claus llegara a ese país y se convirtiera en parte de su folklore navideño (en virtud del influjo de los holandeses que ocuparon la isla de Manhattan), la imagen de Nicolás de Bari, en la que se sustenta el actual Santa Claus, tenía ya un significado especial en países como Inglaterra, Francia, Alemania y Holanda, donde se le conoce con los nombres de Father Christmas, Pére Noël, Weihnchtsmann, y Kriss Kringle, respectivamente. Este personaje cuya imagen rechoncha, rojiblanca y barbuda conocemos desde principios del siglo XIX, fue un obispo de Myra, ciudad del Asia Menos, que vivió durante el siglo IV. Se desconoce la fecha de su nacimiento, pero sabemos que fue originario de Bari, Italia, uno de los puertos más importantes del Mar Adriático, y que durante la primera mitad del siglo IV, partió de su tierra natal hacia Myra, con el fin de ejercer el cargo de obispo. Allí Diocleciano (245-313), emperador romano y feroz perseguidor de los cristianos, ordenó que lo apresaran por sus creencias sobre el Cristo redentor y que fuera desterrado. Gracias a Constantino El Grande San Nicolás pudo librarse de tan humillante castigo y regresar a sus santas funciones. Murió alrededor del año 350 en la misma ciudad de Myra; sus restos fueron trasladados a su ciudad natal en 1807, donde reposan en la parroquia que lleva su nombre, y donde aún se veneran. Este santo tuvo tanta importancia para la iglesia ortodoxa oriental, que se convirtió en el patrono de Grecia, Rusia y Sicilia, así como de algunas ciudades de Suiza, Austria, Alemania, Italia, y Holanda. Entre sus características destacaron su inagotable bondad y su innegable generosidad. Se le identificaba como protector de los panderos, mercaderes, marineros, viudas y niños. A estos últimos les obsequiaba regalos la noche anterior al 6 de enero. La noche del 5, los niños holandeses acostumbraban colocar sus zuecos a un lado de la chimenea. Junto a uno se estos zapatos de madera ponían una manzana roja destinada a Black Pete, ayudante de San Nicolás, y un poco de paja destinada al burro en el que, supuestamente, viajaba el santo. Al otro día, los felices niños encontraban sus regalos dentro del zapato.

Esta tradición fue cambiando con el tiempo y adaptándose en diferentes países, hasta dar origen a la costumbre de colocar un zapato cerca del nacimiento o belén consagrado al Niño Dios, con la esperanza de que los Reyes Magos obsequien a los niños con juguetes, dulces y ropa.

Sandra Montenegro, estudiosa de nuestras tradiciones, cuenta una leyenda sobre la vida ejemplar de San Nicolás, según la cual ayudó en secreto a un noble empobrecido que, desesperado, había decidido vender como esclavas a sus tres hijas adolescentes, pues no tenía con que alimentarlas y vestirlas. Una noche antes de que esto ocurriera, San Nicolás arrojó por la ventana de la casa del noble una bolsa con dinero suficiente para que éste resolviera sus apuros económicos.

Actualmente, la creencia en Santa Claus y la petición de regalos se ha vuelto una de nuestras costumbres navideñas, sobre todo en algunos sectores de la clase media mexicana, que la han adoptado con gusto desde hace ya casi un siglo. La imagen que del vecino país del norte nos ha llegado de San Nicolás, la debemos al caricaturista Thomas Nast, quien publicó en la revista Harper’s Weekly la figura tal y como la conocemos. Pelo blanco, barba larga también blanca, vestido rojo con cinturón y botas negras. La conseja popular lo convirtió en un habitante del Polo Norte que, con ayuda de muchos duendes, fabrica los juguetes que luego reparte en un trineo tirado por renos el día 24 de diciembre a la medianoche. Se ha llegado incluso a inventarle una buena esposa que lo acompaña en sus largos días invernarles. Si bien la figura de San Nicolás es la más difundida en el mundo, debe apuntarse la existencia de otros personajes navideños que cumplen funciones similares. Veamos lo que dice Vicente T. Mendoza: En otros países europeos aparece el Hombre de Navidad, viejo de larga barba blanca, vestido de túnica, con gran sombrero, con saco a la espalda lleno de juguetes; pero al mismo tiempo trae un manojo de varas para castigar a los niños desobedientes… Y también el Buen Hombre de Navidad, el Padre Noel, o la Dama de Navidad, el Niño Jesús o el Niño de Navidad, quienes vienen en un coche viejo, o un barquito, o montados en un burro, llevando látigo y campanas, acompañados de un criado o de un ángel, arrojando juguetes por la chimenea… Entre las figuras tradicionales de Navidad aparece con perfiles más primitivos en la región montañesa de Guipúzcoa, en Navarra, Olentzaro, cuya personalidad se describe así: “Gigante que se cree baja a los hogares en la Noche Buena, a las doce en punto para calentarse con el tronco que arde en el hogar en esta fecha. Dicen que tiene ojos sanguinolentos, rojos y tantos como días tiene el año más uno. Es carbonero de profesión.

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