La pintura corporal de los “borrados”

 Se denomina Judea entre los coras de Nayarit a la celebración de Semana Santa en que se interpreta y dramatiza la Pasión de Cristo. Muchos de los hombres del pueblo de Jesús María se disfrazan de judíos y asesinan, simbólicamente, a Cristo, el cual es representado por un adolescente que, a su vez, se asocia con el culto al Sol. Se trata de la fiesta más importante de los coras. La “borrada” inicia el Jueves Santo. Antes de la fiesta, las autoridades indígenas hacen una dieta en la cual excluyen la sal, y les está prohibido beber alcohol. Asimismo, todos los viernes de la Cuaresma deben hacer una procesión dedicada al Nazareno en la que portan un Cristo vestido de color morado, acompañada de música de flauta por medio de la cual se invita a los hombres a unirse a la Judea.

Aquellos que participarán en la celebración se reúnen desde el día martes vestidos de blanco, para presentarse ante el Centurión Negro y el Centurión Blanco, que son las autoridades de la Judea de mayor rango. El miércoles por la noche se reúnen en la Casa del Santo Entierro y bailan, formando un círculo, la Danza de la Tortuga, acompañados de música de flauta y tambor. Los movimientos eróticos que realizan nos remiten al ritual de la fecundación de la tierra. Este acto para los muy jovencitos constituye un rito de iniciación a la vida de adulto.

En la madrugada del jueves, cerca de una roca sagrada que se encuentra a las proximidades de un río que desemboca en una laguna sagrada (lugar del que surgirá la destrucción del mundo), los hombres se pintan el cuerpo completamente con ceniza de elotes quemados, mientras que las mujeres los observan sentadas en las rocas. Sobre el color negro de la ceniza, se pintan círculos blancos que simbolizan estrellas. Así, los coras se convierten en espíritus y se “borran” como seres humanos, para convertirse en entidades del mal, en diablos que se dedicarán a hacer daño. Todos llevan taparrabos, menos los Capitanes y los Cabos que llevan pantalones, camisas, un sombrero en forma de cono adornado con plumas, lentes oscuros y pintura en la cara: los labios rojos y círculos de color blanco alrededor de los ojos. Aquellos que van a ser iniciados emplean sólo el color negro; pero los veteranos de la Judea pueden pintarse círculos, rayas y dibujos hechos con greda blanca o con arcilla de color ocre. El vestuario se complementa con una sonaja hecha de concha de tortuga rellana de piedras, un sable de madera, un morral, y una máscara de cartón pintada de blanco con dibujos simples en negro; la más apreciada es la que representa al venado, ya que tal animal es el Dios Sol. Otras máscaras representan cerdos, caballos, jaguares o lobos. La tortuga empleada remite al simbolismo del agua y propicia una buena temporada de lluvias.

Los “borrados” deben participar en la ceremonia durante cinco años consecutivos, mismos que simbolizan los cuatro puntos cardinales más el centro; si no cumplen con los años requeridos, los que le falten deberá pagárselos al diablo. Desde el jueves danzarán en todo momento formando círculos, correrán por todo el pueblo, siete veces –pues es el tiempo en que fue creado el mundo por dios-, formando dos filas. Sólo puede beber y comer al caer la tarde, so pena de ser severamente castigados. Además, se establecen combates. Para poder sostener este ritmo agotador comen pedacitos de peyote a lo largo del día. Cada vez que pasan por la iglesia, el más viejo de los “borrados” marca en el atrio una raya. Mientras tanto, los mayordomos y los Tenanches ponen en el altar, adornado con naranjas, cintas moradas y “ojos de dios”, xicuri, que también representa los puntos cardinales, la imagen del Santo Entierro. El Viernes Santo los borrados vuelven a pintarse, haciendo gala de muchos colores en su decoración corporal y en la de las máscaras.

El Viernes Santo los “borrados”, los demonios, los judíos, que han estado persiguiendo a Cristo Niño o a Cristo Sol, lo atrapan y le dan muerte. El Sábado de Gloria Cristo resucita y los demonios se autodestruyen y se van al río, tiran los sables y las máscaras al río, después de ser bendecidos, y se bañan con sus respectivas familias. Así los judíos nacen y mueren en el río, y la paz vuelve al pueblo. Se realiza entonces una procesión con Cristo, la Virgen María y San José.

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