La lluvia. Mito yaqui

Hace mucho tiempo el territorio donde vivían los indios yaquis se quedó completamente seco. El suelo estaba muy caliente, las piedras quemadas, y los ojos de agua sólo quedaron en ojos. Los ocho pueblos yaquis desfallecían de sed. Ante esta alarmante situación, los jefes de los ocho pueblos tomaron la decisión de acudir a Yuku, el dios de la lluvia.

Escogieron a Gorrión, porque volaba muy rápido, para que fuese a los cielos y llevase un mensaje a Yuku. Gorrión llegó ante el dios y le dijo que traía la petición de los indios para que por favor hiciese llover, porque ya la situación era insostenible. Yuku replicó que haría lo pedido y que enviaría una abundante lluvia. Gorrión emprendió el regreso a la máxima velocidad que le permitieron sus pequeñas alas. El cielo se llenó de nubes, cayeron muchos rayos y un huracán alcanzó y mojó a Gorrión, pero hasta ahí llegó la lluvia, y los ocho pueblos se quedaron con su sequía.

Enojados por el fracaso de Gorrión, los jefes decidieron enviar a Golondrina ante el dios de la lluvia para que llevara el mismo mensaje. Golondrina emprendió el vuelo y al poco tiempo estaba ante Yuku suplicándolo, fervorosamente, que enviase la lluvia al pueblo yaqui. El dios le respondió que no se preocupase que la lluvia llegaría un poquito después que ella. Golondrina voló de regreso, pero fue alcanzada por los rayos, los fuertes vientos y la lluvia. A los ocho pueblos yaquis no llegó el agua prometida.

En el colmo de la desesperación por tanto fracaso, los jefes indios optaron por enviar a Sapo. Fueron a la laguna Bahkwam y le llamaron por su nombre indio: Bobok. Cuando le encontraron lo llevaron con ellos a un sitio cerca de Vícam para realizar una urgente reunión. Los jefes le pidieron que por favor fuese a ver a Yuku para rogarles que mandase la lluvia al territorio yaqui, ya que los anteriores mensajeros habían fracaso en el intento y todos morían de sed. Bobok aceptó el encargo, regresó a la laguna donde vivía y le pidió a un mago amigo de él que le proporcionara unas alas de murciélago. Bobok se puso las alas y con ellas voló hasta el cielo. Cuando encontró a Yuku le rogó que atendiese a las peticiones de los yaquis que tenían mucha sed, El dios aceptó y le dijo que se fuer, que la lluvia llegaría poco después que él. Pero Bobok no se fue sino que se escondió debajo de la puerta de Yuku. Enseguida, aparecieron nubes grises, grandes truenos y relámpagos cruzaron el cielo, y empezó a llover. La lluvia llegaba hasta la Tierra pero no podía alcanzar a Bobok, quien se había subido arriba de las nubes al tiempo que cantaba: -¡Kowak, kowak, kowak! Al oírlo, la lluvia volvió a caer. Cuando Sapo detuvo su croar, la lluvia volvió a caer porque pensó que estaba muerto. Bobok volvió a cantar, la lluvia volvió y llegó hasta el territorio yaqui en su desesperada búsqueda por encontrar a Bobok y darle muerte. Llovió en abundancia, la sequía se acabó, nacieron muchos sapos, y Bobok regresó a su laguna Bahkwam a disfrutar de un merecido descanso.

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