Hospitales, médicos, y curaciones mexicas

Según consta en las crónicas de Francisco Javier Clavijero (1731-1787), humanista novohispano, los mexicas contaban con algunos centros de salud que bien podemos llamar hospitales. Moctezuma Xocoyotzin poseía una casa para las enfermedades incurables y raras que estaba junto a su palacio. Anexado al Templo Mayor existía una especie de hospicio, el Netlaltiloyan, dedicado al dios Nanáhuatl -el dios humilde que se sacrificó en la hoguera de los dioses teotihuacanos-, en cual iban a parar los leprosos. Los médicos que curaban en estos lugares, y fuera de ellos, eran los tlamatepati, también llamados tícitl, que empleaban medicamentos basados en la herbolaria; estaba también el tepatiliztli, dedicado a sanar úlceras, heridas y luxaciones, tumores y fracturas; el médico especialista en las enfermedades de los ojos recibía el nombre de teixpati; tlancopinaliztli era el que tenía a su cargo los dientes y sus enfermedades: y el papiani (panamacami) conocía y manejaba toda clase de hierbas medicinales. Los llamados teximani auxiliaban a los cirujanos en sus operaciones. A los lugares a los que acudían las personas enfermas con la esperanza de ser curadas se le denominaba cocoxcalli, “casa del enfermo”.

Estos cocoxcalli no se limitaban a la Ciudad de Tenochtitlan, sino que los había en Tlaxcala, Cholula, y en otras pequeñas ciudades de importancia. Según el cronista fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) en estos hospitales se recibía a los enfermos pobres. Ahí se suturaban heridas con pelo humano, se curaban fracturas inmovilizando la parte dañada por medio de emplastos que se ponían duros, o entablillando el hueso roto con férula y cintas de piel de animales; las parteras eran capaces de realizar embriotomías con instrumentos adecuados al caso, y se practicaban trepanaciones, entre otros muchos procedimientos médicos. Para todas las curaciones los mexicas contaban con un equipo médico asombroso. Según constata el incomparable fray Bernardino de Sahagún, el verdadero y consciente médico tenía amplio conocimiento de las hierbas, piedras, árboles y raíces curativas, basado en la experiencia de muchos años; daba masajes, curaba huesos, suministraba purgas, hacía sangrías, cosía heridas y las cubría con cenizas.

A las heridas los médicos las clasificaban según su condición: tlaxilli era una herida grave y profunda: temotzoliztli, el rasguño; vistli, una herida contusa; y teixiliztli se denominaba a la herida punzante. Los sanadores atendían hemorroides, desarticulaciones, amputaciones, y efectuaban sangrías con púas huecas de huitztlacuatzin, una especie de puerco espín, o con puntas de maguey. Asimismo, los médicos curaban mordeduras y picaduras de animales ponzoñosos, quitaban verrugas y limaban las caries dentales.

La aplicación de los medicamentos era variada, se usaban en lavativas, fumigaciones, buches, gargarismos o colutorios, inhalaciones, cataplasmas, emplastos, unciones, en infusiones, y en píldoras que se tragaban. Los mexicas conocían ya los desinfectantes y los cicatrizantes. Los medicamentos curativos se podían comprar en los puestos de herbolarios de los tianguis como el de Tlatelolco y de Tenochtitlan; donde se exponían raíces, yerbas, ungüentos y emplastos.

La texoxotlaliztli, la cirugía, estaba bastante avanzada, y se empleaba para curar heridas, tumores, úlceras y fracturas, y otros trastornos. Como instrumentos, tepuztepatoliztli, , los mexicas empleaban cuchillos de obsidiana, espinas de maguey, púas, cuchillos y agujas de hueso, espigas huecas que servían para poner lavativas, y pinzas de cobre, oro o plata, entre otros más que se nos escapan. Todos los instrumentos se guardaban en cajas llamadas tepuztepatolinicoyouyo. Pensaban los mexicas que las enfermedades se presentaban cuando se producía un desequilibrio en los centros mayores del cuerpo: el corazón y la mente, o en las entidades anímicas que posibilitaban la vida de todo hombre: el tonalli, el ihiyotl, y el toyalía relacionados con la cabeza, la mollera, el hígado y el corazón.

Terminemos nuestra reseña con algunos ejemplos: para curar las heridas de la cabeza se usaba la matlaxihuitl para lavarla y detener la hemorragia, y luego se untaban baba de maguey. Para las dislocaciones se usaba raíz de cucucpatli y sangrías para desinflamar. En algunas enfermedades de mujer se empleaba la raíz de oquichpatli. Para el salpullido y el dolor de la picadura de araña se daba una bebida llamada huiztli. Para curar fracturas se aplicaban polvos de “raíz de la tuna” y se entablillaba la parte lesionada. Y para las lesiones en el pecho ocasionadas por una mala caída se daba a beber una bebida caliente de orina mezclada con lagartijas molidas.

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