Hernando de Alvarado Tezozómoc y su Crónica Mexicana

Este historiador mexicano fue sobrino nieto del huey tlatoani Moctezuma Xocoyótzin y biznieto de Axayácatl. Su madre, Francisca Moctezuma fue la décimo novena hija del tlatoani. Su padre se llamó Diego Huanitzin (Diego Alvarado Huanitzin), descendiente del tlatoani Axayácatl que reinara en Mexico-Tenochtitlan de 1469 a 1281.

Ejerció como nahuatlato en la Real Audiencia de México, para después dedicarse a escribir la Crónica Mexicana (1598) en lengua española y la Crónica Mexicáyotl (1609) en náhuatl. En la primera obra relata la salida de los mexicas de Aztlán y da térmico con la conquista de los invasores españoles. En su segunda obra el autor da fe de los linajes de los pipiltin mexicas y sus privilegios y el despojo de los mismos de que fueron objeto por parte de los hispanos. Parece ser que colaboró en esta obra Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin.

Algunos autores afirman que estudió en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, la primera institución de estudios superiores de toda América para los indígenas, donde se estudiaban ciencias y artes en la Nueva España, oficialmente inaugurado el 6 de enero de 1536. Aunque educado a la manera cristiana, Hernando de Alvarado nunca olvidó del todo sus antiguas costumbres mexicanas, lo que le llevó a escribir las crónicas mencionadas.

Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) historiador, polimata y escritor sobresaliente del Virreinato, menciona por primera vez la Crónica Mexicana de Hernando de Alvarado en referencia a la inundación ocurrida cuando Ahuízotl fuera tlatoani de la Ciudad de México. Cuando Juan José de Eguiara y Eguren quiso consultar la obra para integrarla a su obra Bibliotheca Mexicana, de los veintiocho volúmenes originales solo restaban ocho. Sin embargo, el historiador Lorenzo Boturini contaba con una copia de toda la obra. Pero con el paso del tiempo y después de haber pasado por muchas manos, la obra se encontraba muy estropeada. Lo que logró salvarse se envió a la Biblioteca de la Universidad, y luego al Museo Nacional. En un cierto período se consideró la Crónica mexicana como perdida.

En 1850, Manuel Orozco y Berra, director del Archivo General de la Nación, y Joaquín García Icazbalceta, su alumno, contaban con tres ejemplares de la Crónica: la del Archivo, una copia adquirida al Convento de San Francisco y una que poseía Alfredo Chavero. Así fue salvada la obra del cronista mexicano Fernando, cuyo manuscrito se dio a conocer en 1951, faltándole una foja. Dicho manuscrito se encuentra hoy día en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Leamos el principio de esta maravillosa obra en su original español del siglo XVI:

Aquí comiença la Coronica mexicana. Trata de la decendençia y linaxe, venida a esta Nueba España los indios mexicanos que abitan en esta Nueuo Mndo, el tiempo que llegaron en la ciudad de Mexico Tenuchtitlan, asiento y conquista que en ella hizieron y oy abitan, rresiden en ella, llamado Tenuchtitlmam.

La venida que hizieron y tiempos y años que estubieron en llegar a este Nueuo Mudo, adelante se dirá. Y así, ellos propios persuadiendo a los naturales, por la estrechura en que estauan, determinó y les habló su dios en quien ellos adoraban, Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Tlalocateutl y otros, como se yrá tratando. La venida de estos mexicanos muy antiguos, la parte que ellos vinieron, tierra y casa antigua llaman oy día Chicomoztoc, que dize casa de siete cuevas cavernosas; segundo nombre llaman Aztlan, que es decir Asiento de la garza. Tenían las lagunas de su tierra, Aztlan, un cu y en ella el templo de Huitzilopochtli, ydolo dios de ellos, y su mano una flor blanca con la propia rrama del grandor de una rosa de castilla, de largor de más de una bara en largo, que llaman ellos aztxochitl, de suaue olor. Antiguamente ellos se xatauan llamarse aztlantaca, otros les llamaron aztacas mexitin, que este nombre de mexitin es decir mexicano, como más claro decir al lagar manatial de la uba, así mexi, como si del magué saliera manatial, y por eso son ellos agora llamados mexicanos, como antiguamente se nombrauan mexica, chichimeca (mexicano, serranos, montañeses), y agora por el apellido de esta tierra y çiudad de Mexico Tenuchtitlan. El tiempo que en ella llegaron, viniendo huyendo desbaratados de los naturales indios de Culhuacan, si vezino, que agora es a dos leguas de su ciudad, persuadidos del demonio Huitzilopochtli… porque el día que llegaron en esta laguna mexicana en medio della estaua y tenía un sitio de tierra y en él una peña y ençima de ella un gran tunal, y en la ora que llegaron con sus balsas de caño y carrizo hallaron en el sitio la dha piedra y tunal y al pie del un hormiguero, y estima ençima del tunal un águila comiendo y despedaçando una culebra, y así tomaron el apellido y armas y diuisa, el tunal y águila, que es tenuchca o tenuchtitlan, que oy se nombra así.

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