Gertrudis Bocanegra de la Vega

En un lugar llamado Phascuaro,”en donde tieñen de negro”; patatzecuaro, “lugar de cimientos o asiento de templos”; Petatzimicuaro, “lugar de espadañas; Petetzecua, “piedra u origen del hombre”; o como nos dice la Relación de Michoacán: Tzácapu-Amúcutin-Patzcuaro, que significaría “donde está la entrada al paraíso”, lugar a donde iban los muertos; decíamos, en ese lugar nació una mujer de piel blanca , pelo negro y sumamente agraciada, que se convertiría en la mujer heroica de esa pequeña ciudad, bella y preñada de historia.

El nombre de esta dama fue María Gertrudis Bocanegra Mendoza; mejor entorno no podía haber tenido el nacimiento de esta heroína de la Patria que este antiguo centro ceremonial de los antiguos p’urhépecha, adoradores del dios Curucaueri.

Gertrudis nació el 11 de abril de 1765. Sus padres pertenecían a la clase media de la sociedad colonial de la Nueva España que se desmoronaba históricamente por las propias contradicciones que se gestaban en su seno, debido a la terrible desigualdad social y económica que se vivía, no sólo en Pátzcuaro, no sólo en Michoacán, sino en todo el México de la pre-independencia. Su padre, español de cepa y buen comerciante, se llamó Pedro Javier Bocanegra, y su madre, una bella criolla de abolengo, Felicia Mendoza, cuyas tareas en la vida consistían en cuidar de su marido y de su famosa hija.

Gertrudis, a pesar de haber nacido en esa época tan dura para su género –recordemos todo lo que tuvo que pasar Sor Juana Inés muchos años atrás para poder estudiar- era muy inclinada al estudio y a la lectura; inclinación que la llevó a conocer a los autores principales de la Ilustración, corriente intelectual de pensamiento que tuvo gran influencia en lo económico, lo político y lo social de nuestro movimiento independiente; sobre todo en Valladolid y Zamora, por el elevado nivel cultural de dichas ciudades. En Valladolid nuevas corrientes de pensamiento abarcaron a la ciencia y a la filosofía moderna. Se estudiaba a Bacon, Copérnico, Newton, Galileo, Kepler, y otros científicos más. Así pues, Gertrudis tuvo que haber leído a Diderot, D’Alembert, Rousseau y Voltaire e influirse con sus ideas. Fue una mujer intelectual.

Se casó con un joven soldado, alferez de los ejércitos reales, que servia al regimiento provincial de Michoacán, de nombre Pedro Advíncula de la Vega, con el que tuvo tres hijas y un hijo, lo cual no le impidió mantenerse al tanto de los avatares políticos que se vivían en la sociedad de principios del siglo XIX, ni de los acontecimientos por los que pasada Europa. Dos días después de que don Miguel Hidalgo y Costilla e Ignacio Allende proclamaron la Independencia de México en el pueblito de Dolores un 16 de septiembre de 1810, Gertrudis en Pátzcuaro y el capitán José María García Obeso en Morelia, encabezaron sendos grupos para unirse a la insurrección. Para esto, Gertrudis ya había hecho labor proselitista para que su marido y su hijo se uniesen a las tropas insurgentes que pasaron por Valladolid en octubre del año arriba mencionado. Sin embargo, el destino le tenía preparado un fuerte dolor, ya que unos meses después de la partida de marido e hijo, éstos murieron a manos de las tropas realistas. El golpe fue duró para Gertrudis, quien, a pesar de todo, no se amilanó y pudo más el deseo de ver a su patria liberada, por lo que continuó con su lucha insurgente. Su tarea consistió en regresar a Pátzcuaro, de donde había salido para radicar en Valladolid, y servir de apoyo a la causa, llevando noticias, alimentos, dinero y armas para la guerra. Además, se convirtió en un correo excelente de la región Pátzcuaro-Acámbaro, y logró formar una formidable red de comunicaciones, eficiente y rápida como lo exigía la lucha armada. Una de sus hijas se casó con un soldado de la insurgencia de apellido Gaona, con él que nuestra heroína luchó, codo a codo, para defender la libertad de la nación.

En su casa se llevaban a cabo las reuniones de los patriotas que deseaban la libertad. Pero siempre hay un traidor, y a causa de uno de ellos Gertrudis fue apresada en el año de 1818 y duramente torturada a fin de que delatara a todos los participantes del movimiento insurgente que asistían a dichas reuniones.. Nunca confesó ni delató a nadie, mostró su gran calidad de mujer, pero le costó la vida, pues fue sentenciada por los realistas a morir fusilada en su amado Pátzcuaro. Dice la historia que antes de morir, se dirigió al pelotón de fusilamiento y trató de convencerlos de que se sumaran a la causa insurgente. Al pie de un robusto fresno de la Plaza Mayor, Gertrudis cayó muerta el 11 de octubre de 1817.

¿Por qué luchaba doña Gertrudis Bocanegra? México llevaba tres siglos de dominación española y de una brutal esclavitud del pueblo. Los criollos se encontraban inconformes con su situación social y económica que los ponía al margen de los procesos sociales y en un plano de inferioridad con los españoles. Entonces, dieron inicio a un movimiento de emancipación, en el que mucho tuvieron que ver la influencia de la Ilustración, la independencia de los Estados Unidos de Inglaterra y la Revolución Francesa. Además, en 1808, Carlos IV y Fernando VII, abdicaron en beneficio de José Bonaparte, Pepe Botella, lo que convirtió a España en una especie de protectorado al servicio de los franceses.

Debido a las reformas borbónicas, la Nueve España recibió ciertos beneficios económicos, que por supuestos beneficiaban a la alta burguesía, los nobles y los comerciantes. Los criollos se encontraban sumamente molestos con los españoles, a los que el pueblo llamaba despectivamente “gachupines”. En México, como en muchos países de América, existía un descontrol respecto a la dependencia monárquica, ya que para algunos el rey de España seguía siendo Fernando VII y, para otros, José Bonaparte. Así las cosas y divididas las sociedades hispanoamericanas, los criollos vieron la oportunidad de beneficiarse, aprovechando también las reformas borbónicas que de alguna manera les permitía llevar a cabo ciertas reformas en la Nueva España. Así las cosas, el 5 de agosto de 1808, el Ayuntamiento de México le propuso al virrey José de Iturrigaray la formación de una junta de ciudadanos que gobernara en nombre de Fernando VII. A lo que diría Villoro: Este ayuntamiento plantea el problema del asiento de la soberanía. Acepta, sin duda, el derecho de Fernando a la corona, y no le niega obediencia; pero introduce una idea que cambia el sentido de su dominio: la soberanía le ha sido otorgada al rey por la nación, de modo irrevocable. Las abdicaciones de Carlos y Fernando son nulas, pues el rey no puede disponer de los reinos a su arbitrio. Lo planteado en la junta ponía en peligro los tres siglos de dominación por lo que los opositores de la Junta destituyeron a Iturrigaray, lo hicieron prisionero y pusieron un virrey pelele que se llamó Pedro de Garibay. Los líderes de la junta fueron encarcelados o destinados al exilio.

La conspiración de Querétaro. En está ciudad, un grupo de intelectuales, comerciantes y militares solía reunirse so pretexto realizar veladas literarias. Formaban parte del grupo el cura Miguel Hidalgo y Costilla, Juan Aldama, Ignacio Allende, doña Josefa Ortiz de Domínguez y su esposo el corregidor don José Miguel Domínguez. Los conspiradores de Querétaro pugnaban por la liberación absoluta de México del yugo hispano. Pero el complot fue descubierto, aunque los participantes tuvieron tiempo y oportunidad de escapar a las autoridades coloniales. Avisado Aldama por doña Josefa, corrió al pueblo de Dolores a comunicarle la noticia al cura Hidalgo, quien convocó al pueblo a la lucha al repique de campanas y al conjuro de los gritos de “¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva México!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!”, el 16 de septiembre de 1810 Así dio inicio el movimiento independentista de México con un improvisado ejército de campesinos sin armas, presos libertados por el cura Hidalgo, que lograron conseguir unas cuantas armas de la armería de Dolores, y todos aquellos que desearon ver a su país libre de sus opresores. Junto con los refuerzos de Allende y de Mariano Abasolo, que no debieron ser mejores, nuestro cura se dirigió a Atotonilco en donde se hizo de un estandarte de la Virgen de Guadalupe, para en seguida encaminarse a San Miguel el Grande. A la tropa inicial se fueron sumando nuevos contingentes, a lo largo de todo su camino por el estado de Guanajuato. En Celaya, Hidalgo y sus tropas lograron la primera victoria, el 20 de septiembre de 1810, se tomó la ciudad y fue saqueada, al tiempo que el cura era proclamado “Generalísimo de América”, superando en mando a Allende que no en estrategia militar. La marcha guerrera continuó, hasta llegar a la ciudad de Guanajuato el 29 de septiembre, en donde sucedió la famosa anécdota de la Alhóndiga de Granaditas, en donde se había refugiado el intendente Riaño.

Las batallas continuaron con triunfos para los insurgentes llegando a la ciudad de Valladolid y a Toluca, muy cerca ya de la Ciudad de México. En la Sierra de las Cruces, Hidalgo logró una aplastante victoria sobre las tropas realistas sin embargo, inexplicablemente, decidió volver a Valladolid y no tomar la Ciudad de México.

El genio militar de Valladolid. Se dice que Napoleón Bonaparte exclamó un día: ¡Con cinco generales como Morelos conquistaría el mundo” Tanto fue el genio militar de José María Teclo Morelos y Pavón, nacido en Valladolid el 30 de septiembre de 1765, y muerto en Ecatepec en 1815. Sacerdote también dio vida a la segunda etapa de la guerra de Independencia. En Charo, Michoacán, Hidalgo lo nombró el jefe insurgente, encargado de la zona sur de México, con la misión de tomar el puerto de Acapulco, fundamental para la comunicación con España. De 1811 a 1814, conquistó el sur del país, la parte del centro, donde, en el estado del actual Morelos se llevó a cabo su más famosa batalla: el Sitio de Cuautla. Entre sus acciones más destacadas por él realizadas, tenemos: la organización del Congreso de Anáhuac que sesionó en Chilpancingo y que constituye el primer cuerpo legislativo mexicano, congreso en el cual presentó sus Sentimientos de la Nación; y en cuyo seno se aprobara el 22 de octubre de 1824, en la ciudad de Apatzingan, la primera constitución que tuvo México. Tras varias derrotas fue capturado en Temalaca por el coronel Manuel de la Concha y ejecutado. Así moriría el más grande de los héroes de la Independencia de México.

 

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