El Sapo y el Conejo

El sapo es un animal asociado en muchas culturas antiguas con la Luna. Varias tribus de indios norteamericanos lo relacionan con la fase oscura del ciclo lunar; es decir, el período de tiempo más silencioso y profundo que permite encontrar y enseñar la sabiduría. Asimismo, se le ha vinculado con diversos dioses. Por ejemplo en la religión mexica el sapo excavador, Tamazolin, (Scaphiopus Multlipicatus), “animal viejo con verrugas” estaba relacionado con el dios del agua Tláloc, obviamente por la lluvia de la cual ambos eran partícipes. Tamazolin fungía como su lento mensajero, que al dar un brinco se quedaba abstraído y mirando a la nada.

Los sapos y las ranas fueron asociados por los mexicas con la lluvia; cuando se escuchaba croar a los sapos sabían que las lluvias estaban próximas. La diosa Tlaltecuhtli, Señor-Señora de la Tierra, la Gran devoradora de Hombres, se representaba en la iconografía mexica con una parte de su cuerpo en forma de lagarto y la otra como un sapo. Esta extraña diosa se tragaba los cadáveres y los hacía pasar hasta su matriz, a fin de encaminarlos después de la muerte. Marcela Zapata Meza en su artículo “La grandeza del pueblo Azteca: La Diosa Tlaltecuhtli” nos informa que:

Cuenta la leyenda que la creación del mundo no hubiera sido posible sin Tlaltecuhtli: Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, que rivalizaban, planeaban la creación de un nuevo mundo, pero quedaron horrorizados al ver por primera vez a Tlaltecuhtli; ella no sólo tenía enormes colmillos, sino también bocas en sus codos, rodillas y demás articulaciones. Entre ambos decidieron que el nuevo mundo no sobreviviría con semejante criatura, por lo que decidieron matarla.

Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se transformaron en serpientes y dividieron en dos a Tlaltecuhtli: una parte de ella se convirtió en el cielo, y la restante en la tierra. Esta acción se llevó a cabo con la autorización de los demás dioses, a pesar de lo cual Quetzalcóatl y Tezcatlipoca no estaban contentos con esta decisión. Para aplacar a Tlaltecuhtli, que en realidad no había muerto, decidieron que su cuerpo diera vida a las plantas y proveyera lo necesario para la supervivencia de los hombres. Sus ojos, por ejemplo, se convirtieron en las fuentes de la primavera y de los ríos, y sus cabellos en árboles

El conejo es un mamífero lago morfo de la Familia Leporidae que pertenece al Género Oryctolagus. El nombre de “conejo” proviene del término ibero kyniklos que pasó al latín como cuniculus y se transformó al español en conejo. Este animal por excelencia gregario, ha sido un personaje que aparece en muchas de las religiones y las mitologías de las culturas pasadas y presentes, como un ser fantástico o como dios. Así por ejemplo, los mexicas tenían a los Centzon Totochtin como los dioses del Pulque y de la Embriaguez. Su madre fue la Diosa de la Fecundidad, Mayahuel, y según nos informa la autora de este artículo en su libro Cuando los abuelos regresan: Los hijos de Mayahuel eran dioses-conejo cuya efigie se encontraba grabada en la Luna. Llevaban en la nariz una media luna de hueso y el rostro pintado de rojo y negro como símbolo de las partes clara y oscura del satélite. Portaban un escudo y su emblema era una jarra de pulque; además, llevaban un capacete de plumas de garza, orejeras de papel, una insignia de plumas rojas de guacamaya y un collar de cuentas, de sus caderas colgaban figuras de alacranes y ostentaban en las piernas cascabeles sujetos a una tira de piel de venado. Sus dos manos apresaban un bastón con una obsidiana en la punta. Los Centzon Totochtin representaban la muerte y el renacimiento de la naturaleza, por lo que su fiesta ceremonial tenía lugar una vez realizada la cosecha. De la multitud de dioses pulqueros, destacaban Tezcatzóncatl, “el de la casa de los espejos en el tejado”, poseedor de un templo en Tenochtitlan; Yiauhtécatl, Acolhoa, Tlilhoa, Pantécatl, Izquitécatl, Toltécatl, Papaztac, Tlaltecaioa, Ometochtli, Tepoztécatl, Chimalpanécatl y Colhoatzíncatl.

Un cierto día Quetzalcóatl se fue a pasear por el mundo convertido en hombre. Al caer la noche, hambriento y fatigado, se sentó a descansar y a mirar las estrellas y la Luna que asomaban por el Cielo. En esas estaba cuando vio a un conejito comiendo. El dios máximo le preguntó lo que comía, y el animalito le contestó que zacate; dadivoso éste le ofreció un poco, a lo que Quetzalcóatl respondió que no comía zacate. Azorado el Conejo le preguntó: -¿Entonces qué vas a hacer?, a lo que el dios respondió que tal vez moriría de sed y hambre. Conejo se le acercó y dijo: -Sólo soy un simple animalito, pero cómeme para calmar tu hambre. –Aunque tan sólo seas un conejo, todo el mundo se acordará siempre de ti. Al decir esto, Quetzalcóatl tomó al conejo, lo alzó y lo estampó en la Luna, hecho lo cual depositó a Conejo en el suelo y le dijo: -¡Para siempre quedará tu retrato en la Luna para regocijo de los hombres que podrán verte al dirigir sus ojos al cielo nocturno! Y desde entonces le vemos siempre como Ometochtli, Dos Conejo, dios que lidera a los Centzon Tochtli, asociado con la fertilidad vegetal y el viento.

 


 

 

1 thought on “El Sapo y el Conejo

  1. Hola. buen día disculpa cuál es la biografía de tan interesante artículo sobre “El sapo y el conejo” Me encuentro investigando sobre el conejo Ometochtli, Tlaltecuhtli y me gustaría poder respaldar ésta información para poder agregarla. Se los agradecería mucho. Felicitaciones por éste espacio tan interesante. Saludos

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