El Mal de Ojo

Al mal de ojo se le conoce como la capacidad que posee una persona para producir, daño, enfermedades, muerte, y toda suerte de desgracias en otra persona con solo mirarla. Es un maleficio muy temido y muy popular en nuestro país. La creencia en el mal de ojo viene desde tiempos muy antiguos. Se encuentra ya mencionado en textos babilónicos, sumerios y asirios. Los griegos decían que para proteger a los niños del mal de ojo, se debía untarles la frente con barro. Y los seguidores del Corán le conocían como “el mal que hace dormir con las miradas de los infieles” o “el mal del envidioso cuando codicia lo que no posee”. Un astrólogo y nigromante de nombre Enrique de Aragón (de Villena), noble castellano y maestre de la Orden de Calatrava escribió, en el siglo XV, acerca del “aojamiento” que los doctores llamaban fascinación y el daño que podía causar.

En nuestro país se piensa que el mal de ojo puede producirse por recibir una “mirada fuerte” de manera intencional o no, o por envidia. Se cree que los más afectados son los niños, aún cuando también puede padecerla un adulto. Cuando alguien se ve afectado por el mal de ojo, debe recurrir a la medicina tradicional. La persona que produce el mal de ojo siempre es poseedora de una la mirada muy fuerte, caliente y muy penetrante, y daña, aún sin darse cuenta, cuando aparece la envidia o la admiración de posesiones, cualidades o belleza que tiene otro individuo, y que provocan su deseo de poseerlas. Así por ejemplo, una mujer que no tiene hijos porque es estéril, puede echar el mal de ojo a una embarazada y hacerla abortar. Los niños que son muy bonitos también pueden provocar envidia y enfermar por el temible mal de ojo.

Dentro de la cosmovisión indígena se encuentra la creencia de que los brujos son capaces de provocar el mal de ojo debido a sus poderes. También puede ser causado por la risa estridente de una hechicera, como lo piensan los purépecha. En los Tuxtlas de Veracruz, el niño que nace después de sus hermanos gemelos, tiene poderes para producir el mal de ojo y de curarlo; así como para los yaquis es uno de los hermanos gemelos el que está capacitado para dañar. En cambio, para los mayas de Yucatán y los zapotecos de Tehuantepec, la mirada de los loros es la que produce el terrible hechizo del mal de ojo.

Asimismo, se considera que las personas que poseen un tonalli fuerte son las que causan el maleficio; o bien, son los seres sobrenaturales los causantes de enfermedades y desgracias. Las embarazadas, los borrachos, los locos, los celosos, los excitados sexualmente o los hambrientos, temporalmente pueden tener la facultad de producir el mal de ojo, facultad que termina cuando regresan a su estado normal. Es curioso que la creencia popular afirme que a veces la sola presencia de una persona puede producir las enfermedades, o la presencia de malos aires que pueden atraparse en el campo o la selva.

Cuando alguien recibe el mal de ojo se enferma, y los síntomas son muy variados; en los niños aparece, llanto constante, calentura, irritación en los ojos, un ojo se hace más chico, falta de apetito, dolor de cabeza y adelgazamiento. Diarrea y vómito suelen ser frecuentes. Josep Riera de Santanton dice: El mal de ojo es un malestar generalizado que comienza por agitación, cansancio, y evidencias de una mala racha, sin motivo justificado, en todos los asuntos que estamos realizando, llevando a cabo o planificando; negatividad que va ‘in crescendo’ acumulando malestares y molestias. Asimismo suele ir acompañado de problemas físicos no habituales. Otros síntomas en muchas ocasiones son el experimentar tristeza, llanto, dolores de cabeza, estómago y espalda sobre todo. Tensión nerviosa y falta de concentración son características muy sintomáticas. A esto se añade que los médicos no encuentran en muchas ocasiones motivo justificado para estos estados; y evidentemente, a partir de ahí, ya tenemos el caldo de cultivo para que se sumen los problema de relación de pareja, con secuelas tales como la impotencia o inapetencia sexual. Los mareos, la pérdida de memoria, la desgana o el desinterés por la vida aparecen en escena, y como consecuencia llegan problemas laborales y económicos, bien sazonado todo ello con  disputas familiares. El resultado es una crisis personal, en la que lo más difícil es detectar la causa. En una palabra, la persona ha perdido su vibración energética habitual y todo se viene en su contra.

Como puede apreciarse los síntomas son muchos y muy variados, afectando el cuerpo, la mente y el desarrollo social del individuo. Por lo tanto su diagnóstico se vuelve sumamente difícil.

Para saber si una persona está afectada del mal de ojo hay varios métodos. Uno de ellos, empleado por algunos grupos indígenas, consiste en que el chamán examina los ojos de la víctima, para encontrar los índices que le permitirán llevar a cabo su diagnóstico. Otros son utilizados por los grupos mestizos, como por ejemplo poner en un plato de cobre puños de sal gruesa, y colarlo bajo la cama del posible hechizado; si a los tres días la sal ha trepado por las paredes del plato o incluso lo ha desbordado, significa que la persona está atacada por el mal de ojo. Otro método consiste en preparar un vaso con agua limpia y un recipiente con aceite de oliva; en el agua se coloca un cabello o un papel con el nombre de la persona que se cree afectada; se ponen tres gotas de aceite en el vaso y se rezan tres padrenuestros (uno cada vez que se vierte una gota) Si el aceite se sumerge hay mal de ojo, pero si el aceite flota disperso hay cierta posibilidad de hechizo; si el aceite flota en forma compacta, quiere decir que no hay mal de ojo.

Una vez comprobado el embrujo se llevan a cabo limpias con huevos de guajolota o gallina negra, con los que se frotan los ojos o se dibuja una cruz en el cuerpo y la cabeza del paciente; o bien la limpia se efectúa con plantas de diversa índole como albahaca, sauco, estafiate, chile, ruda o pirú. En algunos grupos indígenas, si se conoce al causante del mal se le pide que le dé una nalgada al niño o lo sostenga en sus brazos y le acaricie. Otro método es que el hechizador dibuje una cruz con saliva en el cuerpo del enfermo o le pase una ropa suya por todo el cuerpo. Según la creencia, el mal de ojo nunca debe ser atendido por un médico porque sale peor, ya que el mal se dispersa por todo el cuerpo.

Para salvaguardarse del mal de ojo, se puede recurrir a los amuletos, como el “ojo de venado” (semilla redonda y café) que se les pone a los niños en la mano o el cuello. Otro amuleto efectivo es el formado por cuentas de colores (ámbar, azabache, coral, y rojas) que se guardan en una bolsita; o bien, se llena la bolsita con pelos de coyote, escapularios y pedazos de palma bendita.

En fin, los amuletos son muchos y muy variados. Se deben de portar siempre, y deben ser elaborados por un buen chamán o brujo para que hagan efecto. (1)

(1 ) Fuente de los ejemplos indígenas, Carlos Zolla et alt., Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana

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