El corsé: un fetichismo sexual. Primera Parte

El vocablo corsé proviene de corset, palabra francesa que a su vez deriva de cors, que en francés antiguo significaba cuerpo. El corsé se ha utilizado para dar forma al torso de las personas con el fin de mejorar la apariencia. Pues con este artefacto las mujeres,   quienes mayormente lo utilizaban y lo utilizan, adelgazan el talle y se embellecen. En ocasiones el corsé tiene función terapéutica. Los corsés pueden achicar la cintura, con la ventaja de que el busto y las caderas resaltan y parecen más grandes y  atrayentes a los ojos de los hombres. No se trata de una prenda interior exclusiva de las mujeres, ya que los hombres suelen emplearlo sobre todo para adelgazar la figura. Mencionemos que en el período comprendido entre 1820 y 1835, se puso de moda el que los hombres tuviesen una cinturita de avispa, que competía con la obtenida por el sexo contrario. Aun en nuestra época los hombres lo siguen usando para achicar la pancita. El fajarse cintura y torso es una práctica cultural que la humanidad conoce desde hace ya bastante tiempo. El hecho no es nuevo ni se remonta al siglo XIX, como se cree. Se trata de una prenda mucho más antigua, como veremos a continuación.

Antecedentes del corsé en la Antigüedad.  La Creta minoica.  El corsé ya se le utilizaba en la isla de Creta en el año 1,400 a.C., o al menos algo muy parecido a él como un justillo muy apretado al talle. Creta es una isla situada en el mar Egeo, donde tuvo su aparición la famosa Cultura Minoica, civilización pre helénica (3000-1400), perteneciente a la Edad del Bronce.

En esta bella isla, las mujeres dedicadas al sacerdocio emplearon una especie de corsé que les servía para levantar los senos que solían llevarse al descubierto. Estos corsés estaban fabricados con cuero a la manera de cinturones muy anchos que marcaban el talle, dejando ver de la cintura para abajo las bellas faldas acampanadas muy gustadas entre las mujeres cretenses. Tal como se ve en la famosa estatuilla que representa a la Diosa de las Serpientes, proveniente del Palacio de Cnosos, la ciudad más importante de la civilización minoica, y que, junto con otras muchas más diosas, representaba a la divinidad de la fertilidad; es decir, a la Diosa Madre. Esta estatuilla sostiene serpientes en ambas manos como parte de un ritual que tiene mucho que ver con la energía totémica de la serpiente, en tanto que símbolo de la tierra que será preñada, fecundada.

Debido a la estrechez de la cintura que se pueden ver en las pinturas y las estatuillas femeninas encontradas por los arqueólogos, puede suponerse que las cretenses empleaban cinturones metálicos desde pequeñas, para conseguir una hermosa cintura pequeña que luego cubrían con el corsé de cuero.

Egipto milenario. En algunas pinturas que se encuentran en los templos del antiguo Egipto es posible ver una prenda de vestir muy similar al corsé. Un ejemplo lo tenemos en el Templo de Hathor, divinidad cósmica y diosa del amor, edificado por el faraón  Evergete II, localizado al sureste de Dendera, Egipto, donde aparece la primera de las seis Cleopatras que pertenecieron a la familia de los Lágidas, y que después fuera la esposa de Ptolomeo V. Esta Cleopatra, la primera de la serie, fue hija de Antíoco III, El Grande, rey de Siria. En una pintura Cleopatra I lleva una falda atada a la cintura por medio de un cinturón con tirantes que pasan por su desnudo busto. El cinturón es bastante ancho y levanta el busto al estar bastante apretado a la manera de un corsé.

En el Templo de Philœ, isla situada en los confines de Egipto, se encuentran grabadas las imágenes de dos dioses que utilizan lo que podríamos llamar corsés. El primero se trata de Amóm Ra, principal deidad del panteón egipcio, que lleva el busto apretado con un corsé a la manera de una coraza tejida. El otro dios, Ghnufis, lleva un corsé con tirantes. Lo que hace suponer que en un momento dado de la historia egipcia se utilizaron corsés que lucían tanto hombres como mujeres.

Los hebreos. A decir de la Vulgata (la Biblia traducida al latín por Jerónimo de Estridón en el siglo V), los hebreos de la época egipcia, empleaban un corselillo cerrado en la cintura o sostenido por medio de dos tiras, que pasaban por los hombros y dejaban el busto al descubierto, no subía más allá de las axilas; tal corsé se amarraba por medio de cordones. Sobre el efod, vestimenta sacerdotal, se colocaba un cinturón hecho de la misma tela y del mismo color que el traje. Los efodes estaban hechos de lino y láminas de oro con piedras preciosas que se fijaban a él.

En el capítulo 28 del Éxodo, podemos leer: El efod lo harán de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino reforzado, todo esto trabajado artísticamente. Llevará aplicadas dos hombreras, y así quedará unido por sus dos extremos. El cinturón para ajustarlo formará una sola pieza con él y estará confeccionado de la misma forma: será de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado. Después tomarás dos piedras de lapislázuli y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel -seis en una piedra y seis en la otra – por orden de nacimiento. Para grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel, te valdrás de artistas apropiados, que lo harán de la misma manera que se graban los sellos. Luego las harás engarzar en oro, y las colocarás sobre las hombreras del efod. Esas piedras serán un memorial en favor de los israelitas. Así Aarón llevará esos nombres sobre sus hombros hasta la presencia del Señor, para mantener vivo su recuerdo.

 

 

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