El Chuén: el mono de la creatividad

Uno de los glifos mayas de los días lleva el nombre de chuen (chuwen) que significa “mono, artesano o creador”. El glifo representa el oeste, el color azul, el lugar donde se pone el Sol, la transformación, el azar, y la inestabilidad que permite los cambios para acceder al comienzo de una vida superior. Los días chuen eran propicios en el mundo maya para resolver asuntos difíciles, para llevar a cabo proyectos, o para contraer matrimonio, según se asienta en el Tzolk’in, la cuenta de los días.

Para los mayas antiguos fue el Dios de las Artes y el Conocimiento. Se le identificaba con el Sol, y se le consideraba una deidad astral que, según el Popol Vuh, fue el hermano de dicho astro. Ambos dioses estaban relacionados con la creación artística, la danza, la armonía y la belleza. El mono fue el patrono de los artesanos, y sobre todo de los escultores y los escribas. Fue el nahual de las artes y los artistas. Chuen tenía como tarea tejer el hilo de la vida y las cuerdas del tiempo. Del período Clásico provienen muchas representaciones del mono en vasijas que lo representan escribiendo o esculpiendo cabezas humanas, actos que sugieren una alegoría a la creación humana. En la zona arqueológica de Copán, en la Casa de los Escribas, encontramos la estatua de un mono escribiendo; a más de dos grandes figuras de simios tocando las sonajas, situadas en el Templo de Copán 11, que representan al mono aullador en su papel de músico. Del post Clásico de Mayapán, proviene un mono representado en un incensario en actitud de escriba.

En el mundo cosmogónico maya los monos simbolizaron lo sagrado, el mundo subterráneo, el movimiento, el matrimonio, el embarazo, y a los hombres de creaciones anteriores, pues como sabemos hace mucho tiempo los hombres eran de madera, fueron castigados por los dioses y se convirtieron en monos, como consta en el Popol Vuh:

 Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra.

Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas.

Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres. Hablaban al principio, pero su cara estaba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substancia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos, y amarillas sus carnes. Por esta razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos.

Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquellos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador.

…Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.

 Por otra parte, los gemelos sagrados Hunahpú e Ixbalanqué convirtieron a sus hermanos mayores Hunbatz y Hunchouén en el Mono Aullador y en el Mono Araña, debido a que ya no aguantaban los malos tratos de que eran objeto a causa de la envidia fraternal. Los hermanos envidiosos se fueron a la selva de la que nunca más volvieron.

 

 

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