El canto, la música y el baile de los mexicas

Los instrumentos musicales mexicas. Percuciones: El tetzílacatl se trataba de un instrumento de concha de abulón que se tocaba con baquetas; podía estar elaborado con piedra o madera. Se guardaba en el Mixcoacalli.El huéhuetl era un tambor vertical hecho con un tronco ahuecado y provisto de una membrana de piel estirada. Se tocaba con las manos y se afinaba al calor de un brasero. Se usaba para llamar a la danza y era regidor del canto y del baile. Se colocaba en el centro de los círculos de músicos y danzantes. El panhuéhuetl fue la versión en mayor tamaño del huehuétl y tenía la misma forma y de construía con los mismos materiales. El tlalpanhuéhuetl era aún mayor que el panhuéhuetl. Servía para anunciar la guerra desde lo alto de los teocalis. El teponaztli      era un tambor horizontal fabricado con un tronco ahuecado. Se tocaba con baquetas con punta de hule. Con este tambor se regulaba el canto y la danza. Con dos tonos se medían las sílabas de los poemas que entonaban los cantantes. Se usaba en las celebraciones dedicadas a Huichilopochtli y en las fiestas Tóchcatl, Tlazcochimaco y Panquetzaliztli. El áyotl, como su nombre lo indica, estaba hecho con un caparazón de tortuga que se tañía con astas de venado, huesos de caimán o baquetas de madera. En los ritos funerarios de los tlatoani, acompañaba al canto de los sacerdotes. Se usaban en las fiestas Tzalcualiztli, de la Montaña, y en la Danza de Mujeres.

Alientos: Se llamaban tlapatzalli a las flautas simples, dobles o múltiples, que se usaban para indicar,las horas, los deberes rituales y para anunciar los ritos de sacrificio y la guerra.Los chililihtli eran flautas y flautines de barro, carrizo, hueso, madera y piedra. Las ocarinas llamadas huilacapiztli se tocaban en el mes de Tóxcatl. El famosísimo tecciztl, caracol marino de tamaño regular, se tocaba en el Templo Mayor para señalar los deberes rituales; además, se ejecutaba durante el culto celebrado al “Señor del Reino de los Muertos”, Mictlantecuhtli; y servía para acompañar a la música procesional y para emitir señales para el sacrificio. El quiquiztli, mucho más grande que el caracol marino anterior, fue el instrumento del Mixcoacalli por excelencia. Los maravillosos jarros silbadores, piezas de forma abultada con dos compartimentos que se llenaban de agua y cuya presión producía el sonido, fueron instrumentos musicales de uso sagrado de carácter esotérico. Los atecocoli, especie de trompetas de tubo longitudinal en forma de cuerno, estaban hechas de madera, corteza de árbol y calabazos largos o huajes. Servían para señalar las horas y, entre los tlaxcaltecas, anunciaban los sacrificios que debían de llevarse a cabo durante las ceremonias.

Idiófonos: Conocemos con el nombre náhuatl de tzicahuastli al raspador hecho con un hueso humano y con muescas transversales. Se tocaba con astas de venado, conchas o caracoles. Era muy importante, puesto que se usaba como guía rítmica de la danza. El omichitzicahuaztli o raspador de hueso o asta de venado, se tocaba con otro hueso, una piedra o un cuerno. Con el fin de ampliar su sonido, se le colocaba sobre un cráneo o calabaza hueca. Era un instrumento básicamente funerario. La ayacacahtli, sonaja vegetal, de barro o metal, contenía semillas, piedritas o bolitas de barro cocidas que provocaban la percusión. Se le agitaba por medio de un mango y solíase adornar con un Árbol del Fuego. Era empleado durante la Danza Toxcachocoloa. Se llamaba chicahuztl la sonaja de bastón que se golpeaba en el piso. Estaba provista de un mango largo y de cuentas. Algunas de ellas tenían laminillas que sonaban al entrechocar. Se utilizaba en la Danza Tlanahua durante el mes Tóxcatl. Estaba, también, relacionada con los ritos mortuorios, de fertilidad y ligada a la Tierra y Lluvia. Los coyolli eran cascabeles de metales preciosos, conchas, semillas o barro. Se usaban en los brazos o atados en los pies durante la ejecución de las danzas. Fueron un instrumento funerario atribuido a la diosa Coyolxauhqui. Tenábaris es el nombre tarahumara para designar a los “capullos de mariposa” que llevaban piedritas dentro. Se amarraban a los tobillos y muñecas de los danzantes, contribuían a llevar el ritmo de la danza.

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