El Águila y los Mexicas

Los mexicas adoraron al águila real o águila dorada, (Aquila Chrysaetos), la cual se encuentra distribuida en muchos estados de nuestro país. La consideraron la encarnación de la fuerza, el poderío y el dominio. El águila fue la representación de la fuerza y la libertad. Los mexicas la relacionaron con el Sol, el fuego y el aire.

Al Águila Solar le ofrendaban corazones obtenidos en los sacrificios humanos una vez que el sacerdote había sacado el corazón de la víctima. A continuación, lo arrojaban en un recipiente llamado quauhxicalli, cajete de águila, para que el sacrificado deviniera Hombre-águila y el corazón Fruto del Águila del Cactus. El corazón alimentaba al Águila Solar, de esta manera el Sol podía continuar con su tarea itinerante de todos los días con el “líquido precioso”, el Chalchíhuatl. Huichilopochtli, el rey Sol, luchó contra sus hermanos la Luna y las Estrellas y los venció, gracias a lo cual puede salir cada mañana como el “águila que asciende”: Cuautlehuánitl, y desaparecer por el poniente como el “águila que desciende”: Cuauhtémoc. Cuando en su descenso el águila accede al Mictlan, se transforma en océlotl, jaguar. Ambos animales representan los contrarios cósmicos: día-noche, luz-oscuridad, vida-muerte, razón-irracionalidad. De ahí que los guerreros sean señores águila y señores jaguar.

El papel fundamental del águila lo encontramos en la fundación de Tenochtitlan, como lo podemos leer en el libro Las fiestas tradicionales de México de la autora de este artículo:

El mito sobre la población de Tenochtitlan nos refiere que durante el peregrinaje que tuvieron que padecer los aztecas para asentarse definitivamente, dos de sus sacerdotes descubrieron en una isla un manantial de aguas cristalinas, en una de cuyas rocas cercanas se encontraba posada un águila devorando una serpiente, portento que según los sacerdotes constituía una inequívoca señal de que ahí se debía construir un templo a Huitzilopochtli, “Colibrí Zurdo”, y máxima deidad del panteón mexica. Por cierto que, ya construido el gran teocalli, aprisionó entre sus muros al mencionado manantial. Desde el punto de vista simbólico, el águila representaba al sol y al cielo diurno; y la serpiente al cielo nocturno.

Así, el Águila fue el símbolo de Huitzilopochtli, Colibrí Zurdo, Dios de la Guerra y del Sol, e hijo de la diosa Coatlicue, y uno de los mensajeros como lo fueron el colibrí y el quetzal.

Por otra parte, el Águila es el décimo quinto de los signos de los veinte días del calendario, día de suerte para los guerreros mexicas. Este día está regido por Tlatlauhqui Tezcatlipoca, Espejo Humeante Rojo, el dios más temido de los dioses mexicas, y primer hijo de Ometecuhtli y Omecíhuatl, creadores de todo lo existente en el universo.

En el mito teotihuacano de creación, un águila se arroja al fuego y se quema, razón por la cual sus plumas están pintadas.

En la milicia los Cuauhpipiltin, los Caballeros Águila, junto con los Caballeros Jaguar, los Ocelopipiltin, fueron una élite sobresaliente. Los jóvenes aspirantes a ser guerreros águila debían estudiar en el Telpochcalli, escuela para los macehuales, los métodos empleados en la guerra y el uso de las armas. Si mostraban las aptitudes requeridas, pasaban a un nivel superior y acudían a la escuela de nobles llamada Calmecac, para aprender administración real y adquirir conocimientos acerca del adecuado modo de gobernar. Los estudiantes para demostrar sus capacidades guerreras y convertirse en hombres con toda la barba, debían capturar de cuatro a cinco prisioneros de guerra para poder ser llamados cuauhhpipiltin y usar el fastuoso uniforme consistente en un escudo colorido y cubierto de plumas, una banda de piel en la pierna, y un tocado de cabeza de águila adornado con plumas. El uniforme variaba ligeramente según la clase social y el grado de los caballeros. Como armas llevaban un átlatl o lanza dardos, espadas de obsidiana, macáhuitl, arcos y dagas. Se les consideraba guerreros diurnos y solares.

 


 

 

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